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prensa Al menos siete muertos por un incendio en una fábrica textil de Bangladesh

El País // 09/05/2013 6:02:05

Al menos siete personas han muerto en un incendio que se ha desatado este miércoles en una fábrica textil de once plantas ubicada en el distrito industrial de Mirpur, en Dacca (Bangladesh), según han informado las autoridades bangladeshíes.

 

El incendio se ha originado alrededor de las once de la noche del miércoles (hora local) en la planta baja de la fábrica textil Tung Hai, pero las llamas se han propagado rápidamente por las diez restantes.

 

El subinspector de la comisaría policial de Sher-E-Bangla Nagar, Razu Ahmed, ha confirmado que siete personas han fallecido, entre ellas el director ejecutivo de la fábrica textil y de la Asociación de Exportadores de Fábricas Textiles de Bangladesh (BGMEA), Mahbubur Rahman.

 

El director del Departamento de Emergencias del Instituto Nacional de Enfermedades Cardiovasculares (NICDH) ha dicho que cinco personas han resultado heridas, pero que cuatro de ellas han fallecido y que la quinta está en el Colegio Médico de Dacca.

 

Al parecer, el incendio se ha producido cuando la mayoría de los trabajadores se habían ido. Solo quedaban Rahman y varios amigos suyos en la novena planta, unas empleadas en la primera y en la segunda y los guardias de seguridad.

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prensa El infierno textil de Bangladesh

Diario Vasco // 07/05/2013

Son sólo tres letras, pero en Bangladesh pueden hacer referencia al paraíso o al infierno. Todo depende del punto de vista desde el que se mire. Para los empresarios bangladeshíes del sector textil, las Export Processing Zone (Zonas de Procesamiento de Exportaciones) son Eldorado, la gallina de los huevos de oro: ocho gigantescos parques industriales en los que la legislación nacional es sólo de aplicación parcial, a los trabajadores se les niega el derecho a sindicarse, el Gobierno corre con los gastos de mantenimiento de las instalaciones, la adquisición de tierra en lugares especialmente deprimidos está subvencionada y las empresas disfrutan de exenciones fiscales e importación de material sin aranceles.

Para los trabajadores, sin embargo, las siglas EPZ tienen un significado muy diferente. Lo cuenta Farida, una joven de 26 años que, como la mayoría de quienes cosen las prendas que luego lucen otros a miles de kilómetros, cobra el salario mínimo más bajo del planeta -3.000 takas, algo menos de 30 euros- por jugarse la vida durante 54 horas a la semana: «No hay apenas ventilación en todo el edificio, está todo lleno de polvo, de cajas y de telas. No nos dan agua potable, así que la bebemos del lavabo, pero a partir de la cuarta planta ni siquiera llega agua al baño. Tampoco hay extintores ni escalera de emergencia, y jamás nos han dicho qué tenemos que hacer en caso de incendio o de accidente

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prensa Aumentan a 572 los muertos en el derrumbe de Bangladesh

Derf // 06/05/2013 22:45:00

El trágico derrumbe la semana pasada de un complejo textil en Bangladesh en el que se producía ropa para marcas internacionales ha causado al menos 572 muertos, informó una fuente oficial.

Doce días después de la peor tragedia industrial del país asiático se prevé que continúe ascendiendo la cifra de fallecidos conforme avanzan los trabajos de desescombro, dijo el portavoz del Ejército, Shahibula Islam.

"La cifra de muertos aumenta continuamente", señaló Islam.

Un número indeterminado de trabajadores continúa en paradero desconocido, mientras que 2.437 personas que se encontraban en el inmueble de nueve plantas ubicado en la localidad vecina a Dacca de Savar han sido rescatadas con vida.

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prensa Lo que cuesta de verdad la ropa

// 06/05/2013 21:23:16

Tras la muerte en el mar del pescador Pascualet, su tía, atravesada por la tristeza y la indignación, clama contra los que regatean en las pescaderías y exclama: "¿Aún les parecía caro el pescado? ¡A duro debía costar la libra...!". La escena, inmortalizada en el famoso cuadro de Joaquín Sorolla en el que dos pescadores tratan de revivir a un compañero que ha sufrido un accidente, pertenece a la novela Flor de Mayo, de Blasco Ibáñez, e ilustra bien las contradicciones de un sistema en el que las sacrosantas leyes de la oferta y la demanda siguen cebándose, más de un siglo después, con los eslabones más débiles de la cadena.

¿Cuánto cuestan de verdad esos vaqueros por los que hemos pagado menos de 20 euros? ¿Qué hay detrás de los seis euros que nos ha costado esa camiseta? ¿Por qué tanta ropa que compro en España, de marcas españolas o europeas, lleva el típico "Made in Bangladesh" o "Made in Pakistán" en la etiqueta?

Ha hecho falta una tragedia con más de 600 muertos y el efecto multiplicador que las redes sociales dan actualmente a las noticias para que nos paremos a reflexionar y nos planteemos estas preguntas, aunque solo sea por unos días, o por unas semanas, que es lo que suele durarnos la conciencia social, más dependiente de imágenes frescas y grandes titulares que de las frías cifras.

El derrumbe en Bangladesh de un edificio que albergaba varias fábricas textiles en las que unas 3.000 personas habían sido obligadas a seguir trabajando, pese a que la policía había advertido un día antes de la existencia de grietas en las paredes, ha dado visibilidad a un problema que hunde sus raíces en los cimientos mismos del sistema de división internacional del trabajo en el que vivimos. Porque, en definitiva, esas fábricas, donde los empleados cumplen agotadoras jornadas de trabajo por salarios miserables, existen solo porque nosotros, con nuestra demanda, lo permitimos. El supuesto rostro humano con el que, cada vez menos, aliviamos las durezas del capitalismo salvaje en Occidente no es, en muchas partes del planeta, más que una ilusión.

La ecuación es sencilla y no tiene ningún misterio. A las empresas de ropa (como a tantas otras en tantos otros sectores) les sale mucho más barato elaborar sus productos en países donde el gasto que supone pagar a los trabajadores es mínimo. En Bangladesh, por ejemplo, la paga media de estos empleados son 38 euros mensuales, equivalentes a un salario mínimo que está entre los más bajos del mundo. Ello permite a las firmas bajar los precios en los puntos de venta hasta niveles que, de tener que cargar con los costes de los salarios, los impuestos y las condiciones de seguridad laboral del primer mundo, no resultarían "competitivos".

La fórmula se completa con otros dos factores igualmente importantes: Por un lado, por muy bajos que sean los salarios que las empresas de ropa pagan en el tercer mundo, éstos suelen ser mayores que la media allí. En contextos donde además existe un desempleo endémico, siempre habrá personas dispuestas a trabajar. Por otro lado, los consumidores occidentales demandan, obviamente, ropa barata, y son muy pocos los que que, especialmente en estos tiempos de crisis,

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