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Sumario nº 69
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CARLOS SÁNCHEZ OLIVA, CARLOS JAVIER GARCÍA BLASCO Y JOSÉ ALBERTO LÓPEZ COSTALES*
La Sección Sindical de Bomberos del Ayuntamiento de Madrid ha iniciado un trabajo para trasladar al colectivo las evidencias científicas de que una descontaminación inexistente o inadecuada de los equipos de trabajo supone prolongar la exposición del personal al riesgo químico, aumentando la probabilidad de que contraigan distintos tipos de cáncer asociados a esas exposiciones.

En el año 2012, la sección sindical del Ayuntamiento de Madrid creó un grupo de trabajo de riesgos laborales y en noviembre de ese año empezamos a reclamar al ayuntamiento que cumpliera con su obligación de lavar y descontaminar la ropa y equipos de trabajo mediante un procedimiento ordinario. Durante meses, los bomberos amontonaron la ropa de trabajo, distinta a la ropa de fuego, en bolsas para que se procediera a su limpieza. La situación se hizo insostenible, provocando la denuncia ante Inspección de Trabajo. Al principio las respuestas de la jefatura eran del tipo: 'Sí claro, hasta la ropa interior os vamos a lavar', y no aceptaban los procedimientos propuestos desde el grupo de trabajo, que eran similares a los de los compañeros de la Comunidad de Madrid. Esto derivó en otra denuncia ante la Inspección de Trabajo, que requirió a la Subdirección de Bomberos para que realizara un procedimiento de limpieza y mantenimiento de los equipos.

Ganada la batalla, en la actualidad los bomberos del Ayuntamiento de Madrid cuentan con el servicio de una empresa externa que realiza un mantenimiento-chequeo anual a cada equipo de trabajo, además de la descontaminación, cuando se ven afectados por algún contaminante químico o biológico, pero el tratamiento aún descarta polos y camisetas usados durante la guardia, que intentamos sean incluidos. Lo triste es que, tras el esfuerzo realizado, solo un 30% de la plantilla hace uso de ese procedimiento de limpieza, dada la falta de información sobre esa fuente de riesgos y la nula campaña de sensibilización realizada por el servicio, para evitar sus consecuencias. Sobre el asunto solo CCOO hace charlas informativas en los parques.

Mayor mortalidad atribuible al trabajo

En 2005, la Organización Internacional contra el Cáncer (IARC) incluyó a los bomberos en el grupo de riesgo 2B, dada la exposición en su trabajo a compuestos químicos calificados como cancerígenos, entre los que destacan el benceno, el benzopireno, el butadieno 1-3 y el formaldehído. Reconoció igualmente una mayor frecuencia de tres tipos de cáncer entre bomberos: linfoma de no-Hodgkin, cáncer de próstata y cáncer testicular.

En 2006, la Universidad de Cincinnati recopiló datos de 32 estudios publicados (sobre 110.000 bomberos) que analizaban el riesgo de 20 tipos diferentes de cáncer, concluyendo que hay cánceres que son más frecuentes entre bomberos y que existe un vínculo causa-efecto entre la profesión de bombero y la probabilidad de contraer cáncer.

El cáncer es la amenaza menos reconocida y más peligrosa para los bomberos. Esta última afirmación se confirma con el hecho de que en 2001, durante los atentados del 11 de septiembre, murieron 343 bomberos en las Torres Gemelas, pero posteriormente hasta el año 2012, un total de 2.500 rescatistas de la zona cero habían contraído cáncer.

En 2014, un estudio realizado sobre 16.420 bomberos a lo largo de 45 años en cinco países escandinavos (Islandia, Finlandia, Noruega, Suecia y Dinamarca) concluyó que la esperanza de vida de la población escandinava es de 79,5 años, pero en el colectivo de bomberos esta se sitúa en 71,77 años. En Bélgica se realizó este estudio sobre los últimos 10 años y se observó el mismo patrón, mientras la esperanza de vida de la población belga es de 77,62 años, para los bomberos es de 70,88 años.

Para profundizar en estos análisis, la Universidad de Bélgica realizó un estudio con 100 bomberos, tomando muestras de orina antes y después de las intervenciones. Tras la intervención se detectó un incremento en dos sustancias: el benceno y el 1-hidroxipireno. El benceno, además de múltiples y graves efectos a corto plazo, es una sustancia carcinógena para los seres humanos. El humo de los vehículos diésel también contiene este hidrocarburo.

El 1-hidroxipireno es un indicador de la entrada en el organismo de los hidrocarburos aromáticos policíclicos (PAH). Son un grupo de más de 100 sustancias químicas diferentes generadas en la combustión incompleta del carbón, petróleo, gasolina, basuras y otras sustancias orgánicas. Se encuentran generalmente como una mezcla de dos o más de estos compuestos, tal como el hollín, clasificado por la IARC como cancerígeno de tipo 1.

En las muestras de orina de los bomberos se observó que después de intervenciones relacionadas con incendios se producía un incremento de benceno del 37,5%, y un aumento de los PAH del 85,7%. Lo que no era tan de esperar es que estos incrementos también eran notables, un 28,5% y un 68,8% respectivamente, cuando los bomberos habían intervenido en un accidente de tráfico que nada tenía que ver con un incendio.

Los contaminantes en los equipos llegan hasta la piel

Los mismos investigadores belgas plantearon la hipótesis de que los equipos de fuego contaminados al entrar en contacto con la piel podían convertirse en el medio de transmisión de contaminantes al cuerpo. Para demostrarla mantuvieron a 10 bomberos con el traje de fuego durante cuatro horas sin salir a intervenciones. Tras estas cuatro horas, las muestras de orina tomadas evidenciaron un aumento del 48% de benceno y de los PAH. La conclusión era evidente: su hipótesis era cierta y los equipos prolongaban el riesgo al que están expuestos los bomberos.

Esto también quedó demostrado por la empresa Centexbel, encargada de analizar los trajes de fuego. Detectaron los contaminantes PAH y VOC (volátiles de los componentes orgánicos) y confirmaron la vía de contaminación a través de la piel. En el laboratorio fueron analizando cada una de las capas de los trajes de fuego (tejido exterior, membrana, capa térmica y forro).

Estos volátiles se fijan a cualquier prenda expuesta a un incendio y aproximadamente a las 12 horas empiezan a desprenderse. Por tanto es posible inhalarlas si, por ejemplo, entramos en un cuarto de chaquetones donde se guarden esos equipos sin descontaminar, ni ventilar adecuadamente.

¿Cuál es el mejor método de limpieza?

Un estudio de 25 métodos de limpieza muestra grandes diferencias entre ellos. El lavado con agua a 60 ºC es el más extendido, pero como mucho consigue la eliminación del 57% de los PAH. Es más barato que el lavado con CO , pero acorta la vida útil de las prendas y en el desagüe se arrastran los contaminantes a la red de saneamiento. El lavado con CO 2 es más efectivo, puesto que elimina hasta un 97% de los PAH; también es más caro que el lavado con agua, pero se compensa con un mínimo deterioro de los tejidos y una mayor eficacia en la descontaminación, lo que aumenta los niveles de protección.

La pregunta es qué podemos hacer mientras mejoramos los métodos de descontaminación y los procedimientos. En primer lugar, hay que plantear que donde haya un procedimiento de limpieza y descontaminación es imprescindible hacer uso de él, procurando introducir mejoras a través de la participación de los trabajadores y la negociación colectiva. Donde no existe ese procedimiento, lo mejor es empezar a proponerlo con el apoyo de CCOO e incluir las mejores técnicas conocidas. Después de intervenciones de fuego, el verdugo ignífugo se debe lavar con el resto del equipo (nos protege puntos críticos como el cuello y la cabeza que son vías de entrada al organismo) y, sobre todo, ducharnos después de cada siniestro. Es fundamental no llevar nunca a casa la ropa contaminada para evitar riesgos a nuestra familia. Queda mucho por hacer: cambios en la organización del trabajo, en las instalaciones, en los métodos y la gestión de residuos…, pero nada será posible sin una cultura preventiva.

*Carlos Sánchez Oliva, Carlos Javier García Blasco y José Alberto López Costales son delegados de prevención de la Sección Sindical de Bomberos del Ayuntamiento de Madrid

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