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El desempleo está produciendo una gravísima epidemia de salud pública Joan Benach, profesor e investigador en la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona

El desempleo es hoy en día una “epidemia” de tal magnitud que está afectando a personas de la llamada “clase media” que hasta hace poco raramente estaban en paro, pero que ahora se encuentran en esa situación con consecuencias muy negativas para su salud

BERTA CHULVI
Joan Benach es director del grupo de investigación sobre desigualdades en salud GREDS-EMCONET de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona. Ha participado en la red internacional EMCONET de la Comisión de Determinantes Sociales de la Salud de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y es un especialista sobre la relación entre las condiciones de empleo y trabajo y la salud pública y las desigualdades en salud, tema sobre el que ha analizado sus causas, efectos y soluciones. Una buena parte de ese enfoque se recoge en el libro Empleo, trabajo y desigualdades en salud: una visión global, editado por Icaria en 2010.

En España nos hallamos en una situación de empleo muy grave, ¿qué podemos decir de esas cifras desde la investigación en salud pública?

Desde el punto de vista de la investigación, aunque el desempleo sea la condición de empleo más conocida y estudiada, en realidad las cifras oficiales subestiman o minimizan su situación real. Eso tiene que ver con la definición de la “tasa de desempleo”, algo fundamental para medir su magnitud. La definición de parado (una persona que en un tiempo determinado no tiene trabajo y busca activamente un empleo) no incluye a muchos trabajadores pobres que trabajan, pero no tienen un empleo o ingresos regulares. También excluye a quienes trabajan unas horas pero desearían un empleo estable a tiempo completo, a quienes quieren un empleo pero no lo buscan activamente: enfermos crónicos que trabajarían si hubiera mejores condiciones de trabajo, madres (o padres) que trabajarían si hubiera guarderías infantiles, personas en prisión, trabajadores en la economía informal (autoempleo y empleo informal), o quienes han sido jubilados anticipadamente contra su voluntad.

Un ejemplo que ilustra la importancia de este tema ocurrió en España a principios de 2002 cuando de un día a otro cerca de medio millón de personas en paro “desaparecieron” para convertirse en “parados inactivos”. Por otro lado, hay que tener en cuenta que estar desempleado no es un fenómeno “estático” sino “dinámico”, ya que muchas personas cambian continuamente su situación en el mercado laboral y sus condiciones de empleo. Por ello, si queremos analizar de forma realista el impacto que el conjunto de las condiciones de empleo tiene sobre la salud deberíamos ser capaces –y casi nunca disponemos de los datos, los investigadores y los recursos necesarios para hacerlo– de analizar, al mismo tiempo, el desempleo, la precariedad, la informalidad y otras condiciones de empleo. Un ejemplo conocido es el llamado “empleo intermitente” (un empleo con periodos puntuales de desempleo) que sabemos que es especialmente nocivo para la salud.

¿Qué sabemos sobre los efectos que el desempleo tiene sobre la salud y la calidad de vida?

Desde el punto de vista de la salud pública, creo que el desempleo se puede calificar como una “enfermedad social crónica” que ha tomado caracteres epidémicos. Si bien la evidencia científica no es del todo completa, puede decirse que las consecuencias del paro sobre la vida y la salud de las personas son múltiples. Una “catarata” inabarcable de efectos sociosanitarios interrelacionados. El desempleo aumenta la desigualdad social, la pobreza, la inseguridad ciudadana, la xenofobia y el racismo, los desahucios en viviendas que no se pueden pagar, la dificultad de que los jóvenes se independicen, o que las mujeres se planteen tener hijos cuando lo deseen.

La amenaza de quedar sin trabajo es también un fuerte mecanismo disciplinario y de presión (que aumenta cuando crece el paro) sobre quienes trabajan. Por otro lado, el paro desmotiva y paraliza carreras profesionales, deteriora las relaciones familiares, aumenta la violencia doméstica, reduce la autoestima, crea desesperanza y miedo y, en general, aumenta el riesgo de tener peor salud y calidad de vida. Numerosos estudios muestran cómo el paro aumenta el riesgo de enfermar, alimentarse peor, tener problemas de ansiedad o depresión (tres veces mayor que entre quienes trabajan), tener conductas de riesgo y abusar de drogas como el alcohol o el tabaco, morir prematuramente, o suicidarse. En resumen, el conocimiento disponible muestra con claridad cómo el desempleo es un determinante social “tóxico” para la salud que genera desigualdades.

¿Qué grupos ven más afectada su salud por el desempleo?

Los problemas son peores en las familias de clase obrera, los inmigrantes, las madres solas con hijos y en general los más explotados y desprotegidos. Por ejemplo, en los parados sin subsidio, el riesgo de sufrir problemas de salud mental se multiplica por 3 entre los profesionales y por 7 entre los obreros, riesgos que en gran medida se reducen cuando existen las adecuadas ayudas. Lo peor de todo es que detrás de cada dato hay una infinita lista de historias personales llenas de desesperación, dolor y lucha. Un par de ejemplos tomados de la prensa diaria permiten ilustrar eso: “Soy una madre de 36 años desesperada, en paro, en poco tiempo me veo en la calle y sin nada, tengo una hija de trece años a la que no puedo ofrecerle apenas nada”, o: 'En casa vivimos 8 personas, 3 de ellas niños, de las cuales solo trabaja 1, y no entran más ingresos en casa, y estoy dispuesto a robar si es necesario por sacar adelante a mi familia”.

Actualmente el desempleo está afectando a grupos sociales que hace poco no imaginaban estar en esta situación, ¿qué grupos sociales son los más afectados?

Sí, desde luego, el desempleo es hoy en día una “epidemia” de tal magnitud que está afectando a personas de la llamada “clase media” que hasta hace poco raramente estaban en paro, pero que ahora se encuentran en esa situación con consecuencias muy negativas para su salud y calidad de vida y también la de sus familias. Recordemos que un tercio de los 5,7 millones de parados no reciben prestación y que más de 1,7 millones de hogares tienen a todos sus miembros en paro.

La segunda parte de tu pregunta tiene que ver con las desigualdades sociales. Las cifras promedio de paro que normalmente se nos ofrecen no son útiles para entender “en quién” y “en dónde” se localiza el desempleo. Te apunto los datos de hace un par de años para ilustrar la desigual distribución del paro entre grupos sociales y territorios. En los inmigrantes el paro alcanzaba más del 35%, en las clases sociales pobres y con bajo nivel educativo el paro era más del doble que el de los universitarios (y era apenas del 2% en quienes tenían un doctorado). En relación al territorio, los datos también son muy desiguales. Hay provincias como Guipúzcoa con un paro del 11% (y hay pueblos como Oñati con cifras aún mucho más bajas) y otras como Cádiz con más del 36% de paro. Por otra parte, hay desigualdades muy extremas que conviene conocer. Mientras muchos pueblos de la provincia de Sevilla tienen porcentajes altísimos de paro, en Marinaleda, un pequeño pueblo sevillano, cooperativista y luchador, donde se aplica la democracia radical, la participación popular y la ética y transparencia en la política, prácticamente no hay desempleo.

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