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Discriminadas e invisibles: la salud laboral de las mujeres en Europa. Dos informes europeos apuntan la necesidad de un enfoque de género en salud laboral

BERTA CHULVI
La Agencia Europea de Seguridad y Salud en el Trabajo (EU-OSHA) y el Instituto Sindical Europeo (ETUI) coinciden en la necesidad de incorporar la perspectiva de género en las investigaciones sobre salud laboral, en las evaluaciones de riesgos y en las políticas preventivas. ETUI señala además la existencia de un patrón discriminatorio en el reconocimiento de las enfermedades laborales.

El empleo femenino en la Unión Europea alcanzó en 2010 al 58% de las mujeres entre 15 y 64 años frente al 70% entre los hombres, según Eurostat. Se trata de un mercado laboral claramente discriminatorio. La segregación laboral por sectores es un hecho: en 2008 el 61% de las mujeres trabajaba en seis sectores (sanidad, administración pública, comercio minorista, servicios a las empresas, educación y hoteles-restauración). La discriminación salarial –cobrar menos haciendo el mismo trabajo que los hombres– afectaba al 18% de estas mujeres. Y el reparto de las tareas domésticas es claramente discriminatorio: en todos los países europeos las mujeres dedican más horas al trabajo doméstico no remunerado. El sesgo de género en el trabajo doméstico es tan importante que, a pesar de que los hombres trabajan bastantes más horas fuera de casa, si sumamos el trabajo remunerado y el no remunerado, las mujeres europeas trabajan, por término medio, 30 minutos más al día que los hombres.

Exposiciones a riesgos

Pero, ¿en qué condiciones trabajan las mujeres y cómo éstas afectan a su salud? La respuesta no es fácil, puesto que ni las evaluaciones de riesgos ni las estadísticas oficiales suelen incorporar un análisis diferenciado por sexos; sin embargo, hay datos para afirmar que existen exposiciones que necesitan un tratamiento diferenciado.

Por ejemplo, cuando EU-OSHA examina los accidentes de trabajo con perspectiva de género, observa que siguen diferentes patrones: mientras en los hombres los accidentes son más numerosos pero disminuyen con la edad, en las mujeres se mantienen estables en las diferentes cohortes de edad. EU-OSHA recoge un estudio exploratorio de Eurostat que señala que los accidentes más habituales entre las mujeres son resbalones, tropiezos y caídas (29%) y lamenta que Eurostat no compute los accidentes laborales ocurridos en la administración pública, la educación y el sector salud, porque en estos sectores se concentra más del 45% de las mujeres ocupadas en Europa.

En cuanto a la exposición a riesgos ergonómicos, tanto EU-OSHA como ETUI plantean la necesidad de incorporar nuevos criterios a la evaluación, que permitan reflejar problemáticas típicamente femeninas como la exposición a vibraciones en la industria manufacturera que afectaría al 30% de las mujeres ocupadas, la realización de movimientos repetitivos o el levantamiento de personas (actividades de cuidado y sanitarias). Por ejemplo, en el caso del levantamiento de cargas, muchos más hombres (43%) que mujeres (25%) deben desplazar pesos pesados en el trabajo. Sin embargo, cuando se trata de levantar o mover personas la prevalencia del riesgo es mucho mayor en mujeres (11%) que en hombres (5,8%).

La desigual distribución por sexo de las enfermedades ocupacionales reconocidas, que recoge el informe de ETUI, apunta la necesidad de políticas preventivas con enfoque de género. Por ejemplo, el túnel carpiano es básicamente una lesión femenina: el 67% de las personas que la padecen son mujeres, la tendinitis del codo y la tenosynovitis en manos y muñecas –que es una inflamación del tendón y del tejido que lo recubre– también son más prevalentes en mujeres que en hombres.

En la exposición al ruido, según EU-OSHA, también habría que revisar los criterios de evaluación. Aunque la exposición a ruido en la industria afecta masivamente a los varones, en ocupaciones como la docencia, la restauración, los call centers o las urgencias hospitalarias, las mujeres están expuestas a altos niveles de ruido que provocan zumbido de oído y trastornos en la voz por la necesidad de elevarla. Niveles de ruido medio y alto están relacionados con enfermedades circulatorias y estrés laboral.

En cuanto a la exposición a riesgos psicosociales, los informes de diferentes países sitúan a las mujeres como un colectivo especialmente expuesto. Por ejemplo, un estudio realizado en Alemania muestra que las mujeres están más expuestas (67,4%) que los varones (59,2%) a altas exigencias psicológicas como hacer dos tareas a la vez. Por otro lado, un informe reciente realizado por ISTAS, con una muestra representativa de la población trabajadora por cuenta ajena en España, muestra que las mujeres se encuentran en una posición más desfavorable que los hombres –entre 7 y 5 puntos porcentuales de diferencia– en la exposición a altas exigencias cognitivas (tareas complejas) y bajas posibilidades de desarrollo. El mismo trabajo ha demostrado un sesgo de género en cuanto a la necesidad de esconder las emociones: el 44% de las mujeres se ven obligadas a esconder sus emociones en el trabajo frente al 36,7% de los hombres.

EU-OSHA constata que la exposición de las mujeres a sustancias peligrosas sigue siendo uno de los campos en los que es necesario un mayor esfuerzo de visibilización de los riesgos: “Sabemos que las mujeres son mayoría en los sectores que están en contacto con sustancias infecciosas y químicos nocivos para la salud, pero estas exposiciones son a menudo pasadas por alto”. El informe de EU-OSHA recoge un completo cuadro que relaciona sustancias peligrosas con sectores, circunstancias de exposición y tareas. Hay sectores donde la mayoría de trabajadores son mujeres y que están especialmente expuestos a riesgo químico como el sector de la limpieza, tintorerías, industria ortoprotésica, artes gráficas, laboratorios, peluquerías, sanidad o manufactura textil. También hay investigaciones que apuntan que la metabolización de las sustancias químicas es diferente en hombres y en mujeres y éstas se ven más afectadas a menores dosis de exposición.

Menor notificación y menor reconocimiento

Sobre el reconocimiento de las enfermedades originadas en el trabajo sigue habiendo una visión claramente masculina, así lo constatan tanto el informe de EU-OSHA como la investigación realizada por ETUI en diferentes países. En 2007, entre las enfermedades laborales reconocidas en Europa, un 38% afectaron a mujeres y un 62% a hombres, es decir que hay una diferencia entre sexos de 24 puntos porcentuales según Eurostat. ¿Se trata de un problema de notificación o de reconocimiento? Del informe de ETUI se desprende que suceden ambas cosas, pero con patrones distintos en los diferentes países.

Ante la imposibilidad de disponer de datos agregados para Europa que permitan comparar notificación y reconocimiento de enfermedades laborales, el informe de Daniela Tieves para ETUI recurre al análisis de diferentes países. Por ejemplo, en Alemania se observan grandes diferencias entre las enfermedades laborales notificadas por hombres y las enfermedades laborales notificadas por mujeres, siempre a favor de los hombres. En Dinamarca ocurre lo contrario: las mujeres notifican más enfermedades que los hombres. Sin embargo, en ambos países las enfermedades notificadas por los hombres son más reconocidas que las notificadas por las mujeres. En Alemania, las enfermedades de los hombres se reconocen casi un 20% más que las de las mujeres. En Dinamarca, las enfermedades de los hombres se reconocen en un 18% más que las de las mujeres. Entre los países analizados sólo hay un país en el que se reconoce en igual medida las enfermedades notificadas por hombres que las notificadas por mujeres, se trata de Italia, donde ambos sexos ven reconocidas en torno al 30% de las enfermedades notificadas, pero en este caso las diferencias en notificación son muy notables: los hombres notifican tres veces más que las mujeres.

Un análisis más fino de estas diferencias apunta a que el problema de reconocimiento tiene que ver con el tipo de enfermedades que se notifican: por ejemplo, las pérdidas auditivas, más notificadas por los hombres, se reconocen más que las enfermedades de la piel, más notificadas por mujeres. Según ETUI, lo que está sucediendo es que el sistema de reconocimiento y compensación de las enfermedades fue concebido en un momento en el que la participación de los sexos en el mercado de trabajo era muy desigual, y se trata de un sistema que funciona mal para ambos sexos –se reconocen muchas menos enfermedades de las notificadas–, pero funciona claramente peor para las mujeres.

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