
Fumadores y no fumadores expresan sus opiniones sobre sus condiciones de trabajo
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Combatir el hábito de fumar entre las personas que están expuestas obligatoriamente al humo de tabaco en sus centros de trabajo no es sencillo. El caso de Manolo García, que trabaja como camarero en un restaurante de Albacete especializado en celebraciones, es paradigmático. Cuando Manolo se plantea dejar de fumar encuentra inmediatamente un argumento para no hacerlo: “Para tragarme el humo de los demás, me trago el mío”. En sus circunstancias, los no fumadores lo pasan mucho peor.

Juan Martín trabaja como camarero para la empresa Paradores en Albacete. Su situación describe bien la de otras muchas personas que trabajan en espacios donde hay una zona autorizada para fumadores. Cuando en 2006 se aprobó la ley antitabaco, la empresa decidió que se podía fumar en la cafetería y no en el restaurante. “El resultado es que ahora –explica Juan Martín– tanto los fumadores como los no fumadores preferimos hacer el servicio en el restaurante. En la cafetería se da una concentración de humo que no se puede soportar. Como los turnos son rotativos, cuando te toca cafetería te pican los ojos de tal forma que es insoportable y a veces le tienes que pedir a un compañero el favor de que te deje hacer un ratito en el restaurante porque no puedes más. La gente accede y te cambia un rato el turno porque saben que dentro de poco puede pasarle a ellos”. Juan afirma que cuando acaba la jornada, si ha estado en cafetería, tiene la garganta machacada: “No es dolor. Es molestia al hablar. Es como si el humo se te hubiera pegado a las cuerdas vocales”.
Rocío Blanco, delegada de prevención y responsable de salud laboral de la empresa Cremonini Raíl Ibérica, ha pasado por la experiencia de lo que supone liberar de la inhalación de humo del tabaco a los trabajadores y trabajadoras de la cafetería del Ave Madrid- Sevilla. Un total de 660 trabajadores venían padeciendo una situación insostenible de exposición a humos en las cafeterías de los trenes (un espacio herméticamente cerrado) y registrando un mayor número de problemas de garganta, más catarros de lo habitual e irritación de ojos, entre otros síntomas. Al principio los fumadores tuvieron dudas sobre si la medida era buena o no, ya que no podrían fumar durante el trayecto, pero luego la gran mayoría valoró muy positivamente el resultado: “Los fumadores prefieren no fumar durante el trayecto y conseguir un espacio de trabajo libre de humos”, explica Rocío. 
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