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Sumario nº 48
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BERTA CHULVI

Llegó en 1972 a Cerdanyola del Vallès, con su título de Medicina recién estrenado y se hizo cargo del servicio de urgencias del ayuntamiento. Al poco tiempo empezó a trabajar en la atención primaria en Cerdanyola e inició la residencia en el servicio de neumología en el Hospital de San Pablo (Barcelona). Allí empezó a detectar los primeros casos de trabajadores de la empresa Uralita afectados de distintas patologías respiratorias causadas por la inhalación de fibras de amianto. Recientemente ha mostrado que la fábrica de Uralita ha sido un foco contaminante no sólo para los trabajadores, sino también para familiares y vecinos.

¿Cómo toma conciencia de que el amianto está detrás de las patologías que ve en la consulta?

Es en 1976 (con los sindicatos aún en la clandestinidad) cuando el comité de empresa de Uralita reclamó la colaboración del Hospital Clínico de Barcelona, solicitando un segundo diagnóstico para los trabajadores que no estaban conformes con los resultados de las revisiones médicas que hacía la empresa. Fue un escándalo, porque pasó de no haber en Cerdanyola ningún caso diagnosticado de patología por amianto a detectarse unos 300 casos. El pastel se destapó gracias a unos médicos muy rigurosos y valientes que eran el Dr. César Picado y el Dr. Roberto Rodríguez Roisin. Ellos fueron los que pusieron sobre la mesa que un 25% de los trabajadores de la fábrica padecía alguna dolencia relacionada con la inhalación de fibras de amianto. Lo que es inadmisible es que en 1976 se conocieran ya los efectos del amianto y en realidad la prohibición total de su uso no haya llegado hasta 2002.

Nos habla de médicos que asumieron su compromiso ético con la salud pública y diagnosticaron lo que sucedía, apuntando cuál era el origen.

Sí. Y el contexto era muy difícil. En aquella época daba miedo certificar que una persona se había muerto de una asbestosis. Estamos hablando de los años 70 y 80, en los que la empresa Uralita tenía un poder tremendo en la población. En Cerdanyola, la gente trabajaba en una empresa de laminados de plástico o trabajaba en Uralita y el pueblo durante muchos años iba al son de la sirena de la fábrica de Uralita. Incluso uno de los médicos principales de la población era el médico de empresa de Uralita. Era habitual que 10 o 12 personas de una misma familia, entre primos y hermanos, trabajaran en la fábrica, y cuando uno enfermaba y denunciaba que había sido por culpa de la empresa, los otros nueve lo miraban mal. Le decían “no fastidies tú, que nos vas a dejar sin pan a todos los demás por esta tontería”. O ponían en duda el diagnóstico: “Cómo va ser esto malo, tú lo que tienes es una tuberculosis, o eso que tienes es por el tabaco”, decían. Yo he visto cómo se trataba a los enfermos como si fueran malas personas, desagradecidos que atacaban a la empresa que había dado trabajo a toda su familia en los difíciles tiempos de la posguerra.

¿Cuándo empieza a cambiar este clima de presión?

Pues muy tarde, la verdad. La presión bajó mucho conforme la empresa empezó a entrar en crisis y sobre todo cuando cerró en 1997, pero seguía habiendo una especie de gratitud a la empresa por los servicios que había dado a la población y la sensación de que cualquiera que criticara a la empresa era un desagradecido. Incluso a los médicos se nos criticaba. Como en aquella época era mucho más CCOO que UGT quien movía el tema, se nos decía: “¡Sois la hostia! ¡Cómo sois los comunistas!”. En realidad, el cambio grande en el clima de opinión se ha empezado a producir hace poco, precisamente cuando se han empezado a difundir los estudios que un grupo de médicos hemos realizado sobre los efectos que la inhalación de amianto ha tenido en estas poblaciones.

¿Cómo surgió la iniciativa de investigar, desde la atención primaria, los efectos del amianto en la población en general?

Bueno, un poco de manera natural todos los compañeros y compañeras de la zona que detectaban una patología respiratoria rara o relacionada con el amianto acudían a mí, por mi doble condición de médico de familia y neumólogo y me derivaban sus casos. Yo me puse en contacto con los médicos del Hospital Clínico y lo que hacía era registrar los nombres de las personas que padecían algún tipo de dolencia relacionada con el amianto. A finales de los 90 llega al ambulatorio de Cerdanyola la reforma sanitaria y en ese contexto yo aprovecho la posición de fuerza que tenía, por ser propietario de una plaza antigua, para exigir un tiempo de dedicación exclusiva para estudiar, desde la salud pública, la patología por amianto en esta población. Me lo aceptaron e incluso me animaron a organizar una red entre los ambulatorios de los pueblos vecinos, nombrando un médico responsable de la observación de estos casos. Todo ello con el respaldo del Institut Català de la Salud (INS), porque sin ese respaldo hubiera sido imposible. Tuvimos suerte con la inspectora de zona de aquella época, la Dra. Consol Heras, que protegió el programa, que habló con todos los coordinadores de los centros para que yo pudiera empezar a actuar. Entonces pude montar una red de 20 ambulatorios en 12 municipios, que cada vez que detectan un enfermo por exposición a amianto me lo mandan, me pasan el historial y si el paciente no está muy lejos lo puedo citar en mi propia consulta, aunque sea de otra población. Inicialmente, y hasta 2007, diagnosticamos 559 pacientes afectados por exposición a amianto, pero seguimos registrando nuevos casos y ya estamos cerca de los 1.000.

Desde su experiencia personal, ¿qué papel juegan los médicos en la detección de las enfermedades laborales?

Si el médico quiere implicarse un poco en la lucha por la visibilización de las enfermedades de origen laboral, su papel como ariete del cambio es fundamental. Ahora hay una experiencia pionera en el Hospital Vall d’Hebron que dirige un neumólogo, el Dr. Ramón Orriols, que es una buena experiencia de implicación de los profesionales de la medicina en la detección de enfermedades respiratorias de origen laboral.

Familiares y vecinos también enferman

Josep Tarrés y diez profesionales más que trabajan en la atención primaria de Cerdanyola del Vallès o en las poblaciones vecinas acaban de demostrar en un estudio publicado recientemente en la revista Archivos de Bronconeumología que no sólo los trabajadores de Uralita han enfermado por respirar fibras de amianto, sino que esas fibras viajaban hasta sus domicilios y se metían también en los pulmones de sus familiares y se dispersaban por las calles –muchas veces con troceados de fibrocemento como paliativo de los barrizales– provocando que se viera afectada población que nunca ha tenido relación con la fábrica.

En los 559 pacientes diagnosticados por Tarrés y su equipo se identificaron 1.107 casos de Enfermedades Relacionadas con el Amianto (ERA), con una media de 1,98 patologías por paciente. Un total de 228 pacientes (40,9%) presentaba una sola ERA, 204 tenían dos (36,4%) y 127 tenían tres o más en el momento del diagnóstico (22,7%). El 74% de los afectados eran varones de una edad media de 63,9 años. La fuente de exposición al amianto fue laboral en 400 pacientes (71,6%), por convivencia en 61 pacientes (10,9%) y ambiental en 98 (17,5%). De los 400 pacientes de exposición laboral, el 91% trabajaron en Uralita y el 9% en otras empresas, todas ellas localizadas en las proximidades.

“Que los trabajadores expuestos a amianto enferman en un 25%, más o menos, es algo conocido aunque no reconocido” afirma Tarrés. “Mi experiencia –explica este médico de Cerdanyola– es que los tribunales de la zona reconocen el origen laboral de la patología si el trabajador era empleado de una empresa apuntada en el RERA (Registro de Empresas con Riesgo de Amianto), pero se resisten a reconocer el origen laboral si la empresa no estaba apuntada. Como sabemos, el RERA es un registro que se creó en 1986 y al que las empresas se apuntaban de forma voluntaria”. Lo que no estaba tan bien documentado hasta ahora es que también la exposición ambiental al amianto tiene consecuencias graves: “Ahora veo en la consulta de Cerdanyola más convivientes y vecinos de la fábrica que trabajadores de Uralita”, señala Tarrés.

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Comentarios introducidos
1 | Marta Cerda | 09/08/2010 6:47:24
Reciban mis agradecimientos, ¿Existen medicos que atiendan a trabajadoras como es mi caso de padecer asma bronquial por formaldehido?, aunque soy chilena pero, como dice el dicho "nada se pierde sin consultar", le sonsulto. Por siempre agradecida por esta Educacion y entrega de Conocimientos Cientificos con afecto Marta