
Siempre hubo dudas. A pesar del entusiasmo con que el establishment se aferras a la idea de valores límite frente a todo tipo de riesgos ambientales. Un entusiasmo nada disimulado que probablemente tiene más que ver con las garantías de seguridad para operar en el mercado que con lo que dichos límites suponen de seguridad preventiva. Pero las dudas persisten y cada vez con más base científica.
Especialmente en lo que respecta a los cancerígenos y mutágenos, aumenta la evidencia de que no existe un nivel seguro de exposición, ya que sus mecanismos de actuación suelen seguir la ley del 'todo o nada'. Una especie de ruleta rusa en la que se juega con la probabilidad de que se produzca el disparo, pero que en el momento en que sale la bala del tambor lo que es seguro es el daño inevitable. Naturalmente cuantas más veces juega uno , la probabilidad de impacto es mayor. Pero la cosa es que el riesgo cero sólo se consigue con exposición cero. Sin jugar.
El pasado mes de noviembre, la revista Occupational and Environmental Medicine publicaba un artículo científico con la siguiente pregunta como título: '¿Es mayor de lo esperado el riesgo de cáncer por radiación en los trabajadores?' La conclusión, tras analizar una docena de estudios epidemiológicos de alto nivel, es que no se puede afirmar que los trabajadores expuestos a lo que consideran bajas dosis de radiación tengan menos riesgo de cáncer que los supervivientes de las bombas de Hiroshima y Nagasaki.

Hace unos años, el diario norteamericano Washington Post (19/06/05) recogía los resultados de una investigación sobre los efectos de las radiaciones ionizantes e insistía en la idea de que no hay una exposición 'segura', ya que una sola dosis de radiación puede dañar el ADN celular y aumenta la probabilidad de cáncer en la persona que la recibe a lo largo de toda su vida. La investigación había sido encargada por el Gobierno de los EEUU a la National Academies of Science, Engineering and Medicine y la conclusión de los investigadores fue contundente: no existe un límite de exposición inocuo.
Cada vez está más claro que los límites tienen límites. Cuidado, pues, con la falsa seguridad cuando de radiaciones ionizantes se trata. Es un aviso para los trabajadores de la industria nuclear o de las unidades de radiodiagnóstico. Pero también para el público en general. Se estima que una de cada 1000 personas sometidas a un TAC desarrollará un cáncer a lo largo de su vida.
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