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Con esa expresión tan gráfica explicó María López Jacob, médica y coordinadora del Servicio de Asesoramiento de ISTAS, lo que ocurre en una empresa cuando se declara una enfermedad profesional: “Se abre un melón porque las distintas Administraciones se empiezan a preguntar qué está pasando y se desencadena una actividad de control y una posibilidad de actuar en el terreno preventivo”.
Que las enfermedades profesionales (EP) se notifiquen es fundamental para visibilizar el problema. María López Jacob apuntó las principales dificultades haciendo un repaso a los agentes que intervienen en la notificación: “En los servicios de prevención –mayoritariamente– no se vigila adecuadamente la salud de los trabajadores y mucho menos se notifica la sospecha de EP a la mutua. Los empresarios y las mutuas se niegan a declarar las enfermedades profesionales, el Instituto Nacional de Seguridad Social (INSS) aplica criterios muy restrictivos para algunas patologías y unos criterios cambiantes para otras. Los médicos de los Servicios Públicos de Salud emiten pocas sospechas y cuando lo hacen se encuentran con la barrera de las mutuas. Y, en general, tenemos a las víctimas –los trabajadores y trabajadoras– mal informados porque aún no hay una conciencia social sólida en relación a las enfermedades que se originan en el trabajo”.
Epilepsia por exposición a disolventes
El caso que presentaron José Mª Moreno y José A. Pérez, delegados de prevención en una industria de calzado ubicada en Arnedo (La Rioja), es una buena muestra de cómo muchas mutuas en lugar de proteger la salud de los trabajadores y trabajadoras se dedican a “proteger” a la empresa frente a las infracciones. Se trata de un caso muy claro de epilepsia por exposición a disolventes. Primero una trabajadora y a la semana siguiente otra, que la sustituye en el mismo puesto, tienen sendos ataques de epilepsia tras manipular disolventes sin ninguna protección. Los delegados explican las condiciones de trabajo: “La ignorancia es muy atrevida. Los encargados ‘inventaban’ las mezclas de disolventes para conseguir el efecto de envejecido en la piel y los disolventes se aplicaban con un trapo y sin ninguna protección”, explica José Mª Moreno.
Ante el primero de los ataques de epilepsia de una de las trabajadoras acudió a la fábrica la médica de la mutua y acompañó a la trabajadora al hospital de la zona. “Allí le trataron los síntomas, pero nadie le preguntó qué estaba haciendo cuando sufrió el ataque, ni tampoco la médica de la mutua dio los datos”. La mutua no tomó ninguna medida preventiva, ni alertó a la empresa y una semana más tarde se produjo el nuevo episodio de epilepsia con otra trabajadora.
“En ese momento se encendieron todas las alarmas en el pueblo –explica José María Moreno– y el empresario estaba muy preocupado por la repercusión que esto podía tener. Llamó a la mutua pidiéndole explicaciones, ya que ellos eran profesionales. Con su actuación, el empresario parecía haber identificado el origen laboral de los daños”. Pero esta actitud cambió enseguida: “Asesorado por la mutua, la empresa se niega a reconocer el origen profesional de la enfermedad y a declararla como tal. La mutua alega que la segunda trabajadora tuvo el episodio fuera de las horas de trabajo”.
Los delegados de prevención, con la colaboración del Gabinete de Salud Laboral del sindicato, hicieron acopio de todos los estudios científicos que relacionan la exposición a disolventes con los ataques epilépticos en personas que nunca habían tenido síntomas de epilepsia. Realizan una denuncia ante la Inspección de Trabajo e inician una demanda de cambio de contingencias que el INSS denegará alegando que no había quedado probado el origen de la crisis. Aún así, el INSS reconoce que “todo apunta a ello”. “¿Qué más necesitan?”, se pregunta José Antonio Pérez. Los delegados y una de las trabajadoras decidieron seguir por la vía judicial en enero de 2009 recibieron una sentencia negativa a pesar del importante volumen de evidencia científica y de los informes periciales que apoyan la demanda. “Por supuesto que la vamos a recurrir-–afirma José Antonio–, pero nos ha quedado claro que la justicia en estos casos no funciona y que está resultando más fácil cambiar las condiciones de trabajo que conseguir el reconocimiento como enfermedad profesional”.
Hipoacusias: la prevención no funciona
El caso de la empresa de Parla dedicada a la fabricación de mobiliario escolar es un ejemplo perfecto de cómo los servicios de prevención no funcionan. Este caso concreto –porque ha habido otras actuaciones ejemplares en materia de salud laboral– se inicia cuando los delegados de prevención analizan la evaluación de riesgos y descubren que las mediciones de ruido en algunas secciones superan los 90 decibelios de media, con picos de más de 140. Ante esta situación se reúnen con los trabajadores en asamblea y también a nivel particular con quienes piensan que están potencialmente afectados. Sorpresa: descubren que en nueve de las audiometrías entregadas a los trabajadores por el servicio de vigilancia médica la conclusión es la conocida coletilla: “hipoacusia de posible origen laboral, consulte con su médico de cabecera”.
Como señala Alberto Martín, de CCOO de Madrid: “Es inadmisible que ninguna acción preventiva se derivara de la vigilancia médica”. “Hasta que los delegados de prevención no empezaron a actuar –añade Alberto Martín–, el servicio de vigilancia de la salud, que era MEDICSA, no había planteado ninguna actuación en torno a este tema: no había informado a los delegados, no había propuesto ninguna medida preventiva, ni por supuesto había planteado la notificación de enfermedad profesional”.
En ese momento, los tres delegados de la empresa y la Unión Sindical de Madrid Región comienzan a plantear una estrategia de trabajo para sacar a la luz toda esta realidad. Convocan una reunión con la empresa a la que asiste una representante de la Secretaría de Salud Laboral de CCOO de Madrid, miembros del servicio de vigilancia de la salud y de la propia empresa. Allí plantean las deficiencias observadas, la necesidad de hacer una vigilancia de la salud adecuada, establecer medidas preventivas y declarar las hipoacusias como enfermedades profesionales. El sorprendente argumento de la empresa fue “que este problema lo podrían haber cogido los trabajadores en cualquier discoteca”. Sin embargo, la mutua remitió los diagnósticos al médico especialista, que confirmó seis enfermedades profesionales. Pero las dificultades no acaban ahí. “Un imprevisto surgido en todo el proceso –explica Alberto Martín– fue cuando la propia Inspección de Trabajo se puso en contacto con el sindicato para avisarle de que los seis casos declarados podían desembocar en despidos ‘por ineptitud sobrevenida’. Afortunadamente, dimos la batalla y ese proceso no fue adelante”.
Y otra sorpresa: “La empresa ha cambiado de servicio de vigilancia de la salud y de mutua –explica Alberto–, y actualmente es FREMAP. Imaginamos que las anteriores están pagando el haber declarado seis enfermedades profesionales. Ahora, después de más de tres años de pelea, tenemos que volver a leer de nuevo la coletilla: “hipoacusia de posible origen laboral, consulte a su médico de cabecera”. Las condiciones de trabajo sí han cambiado: “Ya se han apantallado máquinas, y se ha reducido la exposición considerablemente en algunos de los puestos de trabajo”, concluye Alberto.
... cuando los médicos de cabecera sospechan
La situación es poco común, pero el resultado es aún más decepcionante: una médica de cabecera sospecha del origen profesional de una enfermedad y actúa en consecuencia. ¿Y qué se encuentra? El caso lo exponen Lucía Trenor y Antonio Díaz, delegados de prevención en una multinacional que se dedica al telemarketing con más de 4.000 trabajadores en España y cerca de 500 en el centro de A Coruña donde trabajan Lucía y Antonio. En este centro, para optimizar resultados y sin tener en cuenta la salud de los trabajadores, la empresa cambió el sistema de marcación estándar e impuso un sistema de marcación automático, que filtraba por sí solo las llamadas saltando en el teléfono de los teleoperadores sólo las llamadas que ya tienen interlocutor. Con ello se evitaban contestadores, fax, llamadas sin descuelgue, pero también se eliminaban los descansos entre llamadas. Lo que los trabajadores se encontraban es que al terminar una llamada se iniciaba inmediatamente la siguiente sin ni siquiera poder tragar saliva o beber un poco de agua.
Con este sistema empezaron los problemas de nódulos en las cuerdas vocales, y fue cuando una de las trabajadoras recibió la indicación de su médico de que se trataba de una enfermedad profesional. Lo curioso del caso es que al entrar los delegados de prevención en contacto con la empresa, ésta no puso ningún problema ante la notificación y fue la mutua FREMAP la que se negó a reconocer la enfermedad profesional a pesar de que se trata de una enfermedad recogida en el cuadro de enfermedades profesionales. Los delegados tuvieron que acudir al Instituto Nacional de Seguridad Social (INSS), donde les dieron la razón. Sin embargo, el problema se extendió hasta afectar a 17 trabajadores más. Todos de la misma campaña donde se había implantado el sistema de marcación automático. Los delegados y delegadas denunciaron el caso ante la Inspección de Trabajo: “Lo estudiaron durante lo que para nosotros fueron siglos –explica Antonio–, para al final decir que se escapaba de sus competencias”. Entonces los delegados de prevención acudieron a la Consejería de Sanidad de la Xunta de Galicia, que envió una médica para elaborar un informe. Antes de que la Xunta terminara su trabajo, la empresa retiró el sistema de marcación automática.
“Lo más complicado ha sido el reconocimiento de los nódulos en las cuerdas vocales como enfermedad profesional”, señala Antonio, quien describe una situación rocambolesca: “La mutua ha rechazado por sistema casi todos los casos, y hemos tenido que acudir al INSS continuamente. A pesar de que nosotros trabajamos ocho horas al día con la voz, la mutua insistía en que el problema era de la trabajadora en cuestión: que hablaba mucho en sus ratos libres, que fumaba, salía de copas, que bebía coca-cola, etc. La clave ha sido que nunca una trabajadora fue sola a la mutua, siempre le acompañó un delegado o delegada sindical”.

MARÍA JOSÉ LÓPEZ JACOB Una de las cosas que observamos en la tarea de los delegados y delegadas, y que merece especial mención, es su habilidad para generar confianza en los trabajadores y trabajadoras a quienes representan. Conseguir que venzan los miedos y reclamen sus derechos es fundamental y tiene importantes compensaciones. José Mª Moreno y José A. Pérez consiguieron que la primera de las trabajadoras que sufrió el ataque epiléptico llegara hasta el final, la segunda no quiso denunciar pero sí acudió al juicio de su compañera a testificar. Estos dos delegados destacan el apoyo que han recibido del Gabinete de Salud Laboral de CCOO en La Rioja y plantean que ese esfuerzo les ha valido el reconocimiento del resto de la plantilla: “Aunque el empresario intenta desprestigiarnos y reducir nuestra influencia, no lo consigue. Ha promovido elecciones de delegados, pero no ha tenido éxito. Los trabajadores saben que somos nosotros los que defendemos sus derechos y nos votan”.
Lo mismo ocurrió en la empresa cuya experiencia nos contaba Alberto Martín, de la Unión Sindical de Madrid Región: “La empresa ha amenazado, insultado, incluso acusado públicamente a los delegados de intentar hundir la fábrica. Han intentado incluso formar una candidatura paralela, pero los trabajadores han votado de nuevo mayoritariamente a estos delegados”. En la empresa de telemarketing, Antonio y Lucía también han cosechado resultados: “Hemos conseguido incluso afiliar a los mandos intermedios porque tienen claro que defendemos la salud de todos”.
Entre los elementos comunes en las experiencias que hemos presentado, destaca la labor rigurosa de los delegados y delegadas de prevención que consiguen el reconocimiento de su papel por parte de los servicios de prevención, de las empresas, de la Administración y, sobre todo, de los trabajadores a los que representan, que les muestran su apoyo a las iniciativas que emprenden. En las elecciones sindicales se ve el resultado de este trabajo de comunicación constante con los trabajadores a los que representan.

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