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La
preocupación por perder el trabajo afecta a la salud
más que el desempleo. Un
estudio reciente publicado en la revista Social Science &
Medicine
muestra que el miedo a perder el trabajo provoca un peor estado de
salud y más síntomas de depresión que
estar en
paro. Investigadores de la Universidad de Michigan analizaron una
muestra de más de 1,700 trabajadores que fueron encuestados
en
dos momentos entre 1986 y 2005. Los que dijeron que temían
perder su puesto de trabajo relataban un peor estado de salud y
más síntomas de depresión que los que
habían sido despedidos algún tiempo
después de la
primera entrevista pero que habían encontrado un trabajo
cuando
se realizó la segunda. Los que tenían inseguridad
laboral
crónica representaban el 18% y eran más propensos
a
informar sobre un estado de salud deficiente que los que fumaban o eran
hipertensos.
Efectividad de las intervenciones para promover el uso de
protección auditiva. Una
revisión de estudios científicos sobre la
utilización de protectores auriculares en el trabajo frente
al
ruido concluye que: “La efectividad de estos dispositivos
depende
del ajuste, la calidad y de su uso regular por los trabajadores. Esta
revisión sistemática procuró evaluar
la
efectividad de las intervenciones para contribuir a que los
trabajadores usen protección auditiva para reducir su
exposición al ruido. Las limitadas pruebas disponibles no
demuestran que haya una diferencia del uso de la protección
auditiva entre los trabajadores que recibieron información
personalizada, en comparación con los trabajadores que
recibieron información más general. Las limitadas
pruebas
disponibles tampoco muestran que el uso de recordatorios
después
de proporcionar información a los trabajadores aumente el
uso de
protección auditiva. Un estudio sí
indicó que los
programas a largo plazo basados en las escuelas pueden aumentar
efectivamente el uso de la protección auditiva por los
estudiantes de las escuelas profesionales. Se necesita
investigación adicional”. (Biblioteca Cochrane
Plus
nº4, 2007)
Identificados dos
plaguicidas relacionados con la enfermedad de Parkinson.
Según el Instituto de Medicina de Estados Unidos, tres
compuestos -un ingrediente del herbicida Agente Naranja, el herbicida
paraquat y el insecticida permetrina- se relacionan con más
del
triple de riesgo de desarrollar enfermedad de Parkinson entre quienes
los utilizan en su trabajo. El estudio, que se ha publicado en la
revista Archives of Neurology, respalda la creciente evidencia que
relaciona la condición cerebral incurable y generalmente
letal
con el uso de pesticidas y herbicidas. Los expertos estudiaron a 519
personas con enfermedad de Parkinson y 511 controles sin la dolencia.
El uso de pesticidas por la ocupación se vinculó
con casi
un 80 por ciento más de riesgo de Parkinson.
La
contaminación atmosférica podría
alterar la presión arterial. Un
estudio reciente sugiere que respirar aire contaminado, incluso apenas
dos horas, puede incrementar la presión arterial y, por
tanto,
aumentar el riesgo de enfermedad cardiovascular. En el estudio, que
aparece en una edición reciente de la revista Hypertension,
los
investigadores examinaron a 83 personas mientras respiraban niveles de
contaminación ambiental similares a los de una
vía urbana
transitada. La contaminación del aire hizo que la
presión
diastólica, la cifra inferior de la presión
arterial, se
elevara en cuestión de dos horas. Las partículas
microscópicas del aire, y no los gases de ozono, fueron los
causantes de esta elevación de la presión que
provocó que los vasos sanguíneos no volvieran a
funcionar
bien hasta 24 horas más tarde en algunos casos.
El trabajo a turnos eleva
el nivel de colesterol. Un
estudio llevado a cabo en Japón sobre un grupo de 2.807
trabajadores a turnos y 4.079 con horario diurno, concluye que los
turnos rotatorios pueden afectar negativamente al metabolismo de las
grasas en el organismo incrementando los niveles totales de colesterol.
Suponen los investigadores que esto es debido a la
alteración de
los ritmos circadianos (el llamado reloj biológico) y del
sueño, así como a los cambios en los
hábitos de
vida. El estudio ha sido publicado en la revista Occupational and
Environmental Medicine.
Mayor riesgo de acoso
sexual para las supervisoras.
Según una ponencia presentada el pasado mes de agosto en la
reunión anual de la American Sociological Association en San
Francisco (EEUU), el riesgo de ser objeto de acoso sexual es mayor para
las encargadas y supervisoras que para las trabajadoras ubicadas en
niveles inferiores. Esto contradice la creencia de que las mujeres en
puestos inferiores, al ser más vulnerables
económicamente
y estar en una situación de mayor dependencia
jerárquica,
tenían un mayor riesgo de ser acosadas. El estudio fue
promovido
por el National Institute of Mental Health y el National Institute of
Child Health and Human Development y ha sido desarrollado por
investigadores de la Universidad de Minnesota utilizando datos de 600
hombres y mujeres de diversas profesiones durante 2003 y 2004.
Alrededor del 46% de las mujeres en puestos de supervisión y
el
33% de las que ocupaban puestos inferiores refirieron haber sido
acosadas sexualmente.