
Enfocar es dirigir un foco de luz haci algo para verlo bien. El término enfoque ha pasado a formar parte de nuestro argot habitual y hablamos de enfocar una cuestión como la forma de analizarla para tener una visión clara de la misma.
El enfoque fotográfico persigue la nitidez de una imagen a una distancia determinada pero deja borrosos los objetos que están delante y detrás, lo cual no representa mayor problema siempre que se acierte con el objeto enfocado. De no ser así, en la foto se difuminará lo realmente importante y destacarán aspectos que lo son menos.
Hay conceptos en salud laboral que tienen esta dudosa virtud del desenfoque. Ponen el foco sobre el trabajador como individuo aislado y difuminan las imágenes del grupo y el entorno que, casualmente, son los aspectos que más luz suelen arrojar sobre la relación entre el trabajo y la salud.
Uno de estos conceptos es el de 'trabajador especialmente sensible', del que se usa y abusa hasta el despropósito en la práctica habitual de la Medicina del Trabajo para referirse a los daños a la salud de los trabajadores.

Atrás quedaron las advertencias del alergólogo francés Pierre Gervais de considerar que los trabajadores especialente sensibles (atópicos) son en realidad centinelas que reaccionan antes que el resto ante determinados riesgos ambientales y que, por tanto, nos ofrecen una información preciosa para actuar preventivamente y proteger al tiempo al conjunto. Lo que predomina hoy en día en buena parte de nuestros médicos del trabajo es una especie de astigmatismo profesional combinado con miopía preventiva, que les impide ver con claridad más allá del cambio del puesto de trabajo por sensisbilidad individual.
Se habla cada vez más de sensibilidad como condición de debilidad individual o de insuficiente capacidad de resistencia al riesgo, cuando lo apropiado sería hablar de vulnerabilidad, es decir, de la susceptibilidad de sufrir un daño como consecuencia de la exposición a un entrono agresivo.
Crisis global, vulnerabilidad colectiva. Con la ácida clarividencia que le caracteriza, Andrés Rábago (El Roto) nos sacudía la mente no hace mucho desde una de sus viñetas: '¿De qué sirve llevar el casco si el peligro es de recibir una patada en el culo?' Cuestión de enfoques.