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Sumario nº 44
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Dossier: Enfermedades laborales

Miquel Porta:

BERTA CHULVI

En el reconocimiento de las enfermedades profesionales, médicos e investigadores juegan un importante papel. Sus conocimientos son una pieza clave para determinar relaciones entre exposiciones y enfermedades, pero muchas veces, ante los tribunales, quienes defienden a las empresas, exigen a los médicos que afirmen relaciones causales exclusivas. Eso, en ciencia, es imposible. Así lo explica en esta entrevista Miquel Porta, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universitat Autònoma de Barcelona y Jefe de la Unidad de Epidemiología y Molecular del Cáncer en el Hospital del Mar.

Recientemente participó usted como perito en el juicio de Fernando Martínez ¿cuál es el caso?

Fernando Martínez es un trabajador de la empresa Inquidesa a quien hace dos años le diagnosticaron un cáncer de páncreas. El paciente –porque para mi es un pacienteno presenta el único factor de riesgo claramente establecido en la literatura científica como causa del cáncer de pancreas, es decir, no es fumador. Tampoco presenta los factores de riesgo establecidos como probables: no ha padecido diabetes, ni pancreatitis, ni obesidad, ni tiene antecedentes familiares de cáncer de páncreas. Sin embargo, sí está bien documentado que durante los 22 años que trabajó en la empresa Inquidesa en Monzón (Huesca) estuvo en contacto directo con productos tóxicos como los organoclorados que la investigación ha demostrado que están relacionados con el cáncer de páncreas. No se trata de preguntarse sobre si tal producto es cancerígeno o no –como me preguntaba en el juicio el abogado defensor de la empresa- sino de analizar cuáles eran las condiciones de trabajo, cómo se manipulaba ese producto. Durante el juicio a Fernando, quedó demostrado que ha estado expuesto a unas condiciones de manipulación de organoclorados tremendas: ha tenido contacto con la piel, ha respirado los vapores de los productos, etc. No hay duda que los productos son cancerígenos pero lo importante no es sólo es eso, sino las condiciones de manipulación.

En su dictamen, afirma que la causa más “probable” del cáncer de páncreas que padece Fernando es la exposición laboral a organoclorados. ¿Qué valor tiene esa calificación de probable?

En medicina casi nunca es posible establecer relaciones causales exclusivas. Está demostrado que ningún cáncer tiene una relación necesaria y suficiente. Incluso en el caso del cáncer de pulmón y el consumo de tabaco, no se puede establecer. Por un lado, uno de cada diez cánceres de pulmón los desarrolla una persona no fumadora, es decir no hay una relación necesaria. Por otro, hay fumadores que no desarrollan el cáncer. Sin embargo, que no se puedan establecer relaciones causales exclusivas no quiere decir que no tengamos suficiente evidencia científica.

¿Eso es lo que le piden a usted algunos abogados? ¿Que establezca relaciones causales exclusivas?

Sí. Eso es lo que nos piden y es incorrecto. No tiene sentido recurrir al conocimiento científico para luego violentar las lógicas que rigen el propio conocimiento científico. Si a la medicina en general se le exigieran relaciones causales exclusivas, seguramente ningún medicamento sería el adecuado para ser recetado a un paciente concreto, porque en medicina nunca hay una causa suficiente y necesaria. Por ejemplo, si pidiéramos causas necesarias y suficientes para legislar sobre cuestiones básicas de salud pública como la potabilización del agua, simplemente no se harían, porque sabemos que habiendo bacterias en al agua habría una serie de individuos que enfermarían y otros que no lo harían. Sin embargo, consideramos que la evidencia científica sobre la relación entre bacterias y enfermedades es suficiente y la sociedad gasta millones de euros en potabilizar el agua. Lo mismo ocurre en las condiciones de trabajo: no podemos permitir que nadie se vea obligado a manipular oragnoclorados en las condiciones de trabajo en las que estuvo Fernando, porque eso es un riesgo evidente para su salud, por volver al caso concreto que nos ocupa.

La situación del juez tampoco debe ser fácil porque muchas veces, la defensa presenta también informes científicos.

Efectivamente no es sencillo, pero la ciencia también tiene sus mecanismos de validación y el juez debe ser capaz de identificar que en determinadas batallas de salud pública y de salud laboral, hay dudas que se crean artificialmente. Está claro que la investigación científica no es un proceso lineal, es acumulativo, se confirman hipótesis y a veces se refutan. Pero tampoco el conocimiento científico se produce en el vacío social y político. Como muestra en un interesante y bien documentado libro David Michaels (Doubt is their product), hay una parte de las dudas que se siembran frente a cuestiones de salud que son fraudulentas, que se derivan de investigaciones pagadas por las propias industrias cuyo negocio son esos productos nocivos. Esas son dudas artificiales que no tienen nada que ver con la duda metódica que es inherente al conocimiento científico.

Nos encontramos con casos en los que la Administración sanitaria ha reconocido el origen profesional de una enfermedad y las mutuas que trabajan para las empresas y las propias empresas siguen recurriendo, sembrando la duda.

Yo sólo puedo decir que con determinado nivel de evidencia científica no es ético seguir fabricando incertidumbre. Y que científicamente es incorrecto, en un caso como el de Fernando, exigir que los “organoclorados” sean la causa exclusiva, porque en medicina no existen ese tipo de relaciones. Lo que ocurre es que en salud laboral, cuando se piden relaciones causales exclusivas se está aplicando una vara de medir que no se exige en otras cuestiones de salud pública o de medicina en general.

¿En salud laboral no se aplica el mismo principio de precaución?

No, no se aplica. Sin embargo, yo creo que no se trata tanto del principio de precaución como de otra cosa. Y además pienso que en muchas ocasiones, desde los sindicatos o desde las posiciones de los trabajadores, se invoca el principio de precaución indebidamente. El principio de precaución hay que invocarlo cuando se tiene muy poca evidencia científica pero es que en muchos casos de enfermedades labores como los que estamos viendo, tenemos suficiente conocimiento científico acumulado como para que la postura que cabe exigirle a las empresas no se base en el principio de precaución sino en una actitud preventiva responsable e informada.

Enfermedades profesionales: ¿Cuántas son?

RAFA GADEA

Una actualización del estudio de ISTAS sobre el “Impacto de las enfermedades de origen laboral en España “, revela que en 2006 murieron unas 16.000 personas a consecuencia de enfermedades laborales. La mortalidad afectó principalmente a hombres (87% del total). El mayor número de muertes de origen laboral se debió a tumores malignos (más de 8.600 fallecimientos en hombres y de 800 en mujeres), seguidos por enfermedades cardiovasculares con unas 2.800 en hombres y 550 en mujeres. Como tercera causa de mortalidad de origen laboral en los hombres aparecen las enfermedades del aparato respiratorio con unas 1.500 muertes y en las mujeres, las enfermedades infecciosas y parasitarias con casi 200 fallecimientos. Estas muertes suponen, entre otras cosas, la pérdida de de unos 134.000 años potenciales de vida.

Según el mencionado informe, en 2008 se produjeron unos 91.000 nuevos casos de enfermedades relacionadas con el trabajo, destacando las enfermedades musculoesqueléticas con un 35% sobre el total, seguidas de las enfermedades de la piel (14%), de las sorderas (13%), de las enfermedades mentales (10%) y de las respiratorias (9%).

Un 79% de las enfermedades laborales no se registraron en las estadísticas oficiales

Al mismo tiempo, en 2008, se registraron 18.700 enfermedades profesionales, es decir, solamente el 21% de las enfermedades de origen laboral que se estima que se produjeron. Lo cuál significa que un 79% de las enfermedades laborales no se registraron en las estadísticas oficiales. El mayor subregistro corresponde a las enfermedades cardiovasculares con un 100% (no se registró ninguna), seguido de los tumores malignos (99%), de las sorderas (93%), de las enfermedades respiratorias (91%) y de la piel (90%). Las enfermedades que menor subregistro padecen son las muculoesqueléticas, reconociéndose casi la mitad de las que realmente se estima que se producen.

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