Dossier: Enfermedades laborales

![]()
BERTA CHULVI
José Antonio Díaz lleva desde 2005 sin poder comer pan, ni muchas otras cosas, debido a un cáncer de paladar que contrajo precisamente cuando trataba de ganarse el sustento. Es uno de los pocos trabajadores que ha visto reconocido un cáncer de origen profesional distinto a un mesotelioma por exposición a amianto. Ahora ve peligrar su reconocimiento porque la mutua ha recurrido el dictamen de la Administración. Trabajadores enfermos, sindicalistas, médicos y familiares están desarrollando una lucha titánica para conseguir visibilizar las enfermedades profesionales y las condiciones de trabajo que las provocan.
José Antonio trabajaba como mecánico para la empresa Masa Norte S.A, una subcontrata de Petronor, donde manipulaba –sin saber su peligrosidad y sin medidas preventivas– casi un centenar de productos químicos de los cuáles 90 resultaron ser cancerígenos. La empresa nunca le informó de los riesgos que corría en el trabajo. Fue el cáncer de lengua padecido por otro compañero el que le puso sobre aviso. A él y a otro trabajador de la misma empresa, José Luís Calle, que padece cáncer de vejiga. La coincidencia les llevó a hacerse preguntas y descubrieron que, se determine o no el origen profesional de su enfermedad, una cosa es cierta: ellos han estado exponiendo su vida sin saberlo. “Viene un tío con corbata y te dice que no pasa nada, que allí está todo controlado, pero yo nunca vi al director venir allí a untarse el bocadillo. Allí no hay pasteles” afirma José Antonio con la amargura de padecer un cáncer de paladar que marca toda su existencia.
En su opinión la empresa ha jugado con su vida. “Ellos lo saben pero les da igual porque nosotros para ellos somos chusma”. Así de dura y así de clara es la declaración de José Antonio Díaz: “En la refinería han muerto muchos de cáncer, pero la empresa no se pregunta por qué. Hace poco se murió un hombre de cáncer de vejiga y ahora el hijo de un jubilado que tiene cáncer en el cerebro se ha puesto en contacto conmigo al leer mi caso en la prensa”. “Sin embargo – añade José Antonio- a mí la empresa todavía no me ha llamado para saber si me he muerto o sigo vivo. He ido a los juicios de mis otros dos compañeros, que por cierto se perdieron, y el encargado ha estado allí testificando a favor de la empresa, a diez metros de mí, y ni me ha mirado a la cara”.
El gerente de la subcontrata en la que trabajaba José Antonio sí le dirigió la palabra en uno de esos juicios, pero fue para decirle: “Ahora a vivir bien”. José Antonio recuerda con amargura ese momento: “Llevo la cabeza abierta y cosida con más de 70 puntos y 33 sesiones de radioterapia en el paladar que no se las doy a pasar a nadie.
He perdido 15 kilos, y he sido alimentado con una sonda por la nariz, aún no puedo comer pan si no es en sopas. Mi vida pende del hilo de cada revisión médica mensual. Y el gerente tiene el valor de decirme eso”. “Si le doy un puñetazo que es lo que se merecía en ese momento me dirán que soy un violento” afirma José Antonio. En su opinión estas empresas también matan, “pero lo hacen poco a poco”.
La mutua agrava el sufrimiento
Una resolución de la Seguridad Social le reconoció a José Antonio el origen profesional de su cáncer, basándose en un detallado informe del servicio de OSALAN (Instituto Vasco de Seguridad y Salud Laborales) pero ahora la Mutua Maz y la empresa Masa Norte S.A han recurrido la decisión de la Seguridad Social. Las evidencias científicas que recoge el informe de OSALAN son difícilmente contestables.
Sin embargo, Masa Norte S.A. pretende argumentar que José Antonio no estuvo allí suficiente tiempo y miente respecto a la fecha de contratación obviando contratos temporales y exposiciones anteriores. El trabajador lleva en la empresa desde 1993. “Estas prácticas antiobreras de las mutuas son inadmisibles –señala Jesús Uzkudun, secretario de Salud Laboral en CCOO de Euskadi– pues suponen agravar, sin compasión alguna, el sufrimiento del enfermo, engañando con mentiras para eludir la responsabilidad sobre infracciones preventivas”.
El compañero con cáncer de lengua que alertó a José Antonio Díaz es Alfonso Alonso. Alfonso tiene 47 años, ha trabajado durante 23 años en la refinería de Petronor, como personal de la subcontrata Masa Norte. Fue su dentista quien detectó el cáncer en un estadio muy temprano y eso le ha salvado, de momento, porque en un cincuenta por ciento de los casos hay recaídas. Su propio oncólogo en el Hospital de Cruces (Vizcaya), el Dr. Paco Martos le alertó del origen profesional de su enfermedad: “¿Dónde trabajas? Me preguntó el oncólogo” explica José Antonio. El Dr. José Ramón Barceló, oncólogo en el Hospital de Basurto (Bilbao) ha realizado el peritaje que Alfonso presentó en su juicio y explica a pEx su razonamiento: “Alfonso fue diagnósticado de un carcinoma de células escamosas en la lengua en diciembre de 2006. Los factores de riesgo que identifica la literatura científica para estos cánceres son externos, es decir, son el contacto por inhalación o por disolución en la saliva de productos cancerígenos. Los más frecuentes son el tabaco y el alcohol, de ahí que este cáncer se presente, normalmente, en personas mayores de 60 años. En el caso de Alfonso, de 46 años, ni es fumador ni consume alcohol, ni tiene antecedentes familiares de cáncer. Tiene la dentadura en buen estado, por lo que hay que descartar también la irritación por contacto. Sin embargo, sus condiciones de trabajo sí son un factor de riesgo: Alfonso lleva refinando petróleo desde los 24 años. Como instrumentista ha estado en contacto cutáneo y aéreodigestivo alto con sustancias derivadas del petróleo que la investigación relaciona con este tipo de cánceres”.
![]() |
Ni informan ni previenen La empresa Masa Norte no sólo no cumplió con sus obligaciones preventivas sino que hizo todo los posible para evitar que Alfonso tuviera la información: “He tenido que buscar información yo solo, con el único apoyo de CCOO de Petronor. A la empresa le pedí un primer certificado y me lo dieron porque no sabían en qué estaba, pero cuando les pedí un segundo certificado que detallara más mis condiciones de trabajo ya no me lo dieron”. Alfonso fue a juicio y lo perdió. “En el juicio me sentí totalmente vapuleado” señala Alfonso. Un extremo que corrobora el Dr. Barceló: “La empresa hizo todo un alarde de medios que era difícil de rebatir sólo con el peritaje de un médico. Un médico, si respeta su disciplina, no puede afirmar con contundencia las cosas que un perito o un abogado de una empresa, sí pueden decir con total impunidad. Y al final, los jueces están en medio de un ejercicio de retórica donde unos nos autoimponemos limitaciones por coherencia científica y otros afirman sin rubor aquello que mejor le va a venir a su cliente”. Las historias de vida de las personas apuntan dinámicas estructurales. El padre de Alfonso murió de un accidente laboral en los Astilleros de Sestao. Hoy, casi 30 años después de aquel accidente, a él se le ha diagnosticado una enfermedad común que tiene según todos los indicios un origen profesional. Y no es que la desgracia siempre se cebe en las mismas familias, es que hay grupos de trabajadores, que antes llamábamos clases sociales, que están siempre ocupando aquellos lugares donde el trabajo es más duro, donde se cobra menos y se enferma más. Alfonso lo sabe, y ahora lo que más teme es que en una de las revisiones le retiren la incapacidad total y le hagan volver a su empresa: “Yo ya no voy a luchar más en los tribunales –afirma Alfonso– prefiero aprovechar el tiempo de vida que me queda para estar con mi familia, pero lo que me da miedo es que, si me obligan a volver, puedo recaer”. De la desinformación y del sufrimiento de las víctimas de
una enfermedad profesional sabe mucho Olvido Herreras. Ella es psicóloga y
es además la presidenta de ASVIAMIE, la Asociación de Víctimas por Amianto
de Euskadi. Su padre murió de cáncer de pleura provocado por la exposición a
amianto. “La desinformación y la manipulación con la que empresas y
servicios de prevención tratan de confundir a los enfermos es tremenda”
afirma Olvido. “Son capaces de todo para evitar reconocimientos. Por poner
un ejemplo te diré –explica Olvido Herreras- que en unas jornadas con
trabajadores que han estado en contacto con el amianto, algunos nos contaron
que desde un servicio de prevención se les había dicho que
determinadas pruebas diagnósticas pueden “despertar el bicho”. Así que es
mejor no hacerlas”.
|
imprimir enviar a un compañero/a comentar el artículo |
|

