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PEPE ROËL
Han pasado 15 años desde que saltara a la prensa el caso de 15 trabajadores del Hospital Vall d’Hebrón, intoxicados por plaguicidas y que luego desarrollaron el Síndrome de Sensibilidad Química Múltiple (SMQ). Después vendría otro episodio con 18 mujeres afectadas por una fumigación en el Hotel Hilton de Barcelona. Tras ellas, 40 casos más de personas intoxicadas mientras trabajaban en distintas oficinas de la Seguridad Social de Barcelona. Sin embargo, la enfermedad sigue siendo silenciada y las víctimas siguen luchando por su reconocimiento.
Según estimaciones de los doctores Fernández-Solà y Nogué Xarau del Hospital Clinic de Barcelona, actualmente, un 5% de la población española sufre de Sensibilidad Química Múltiple. Este síndrome es resultado de la exposición a productos químicos y se manifiesta con múltiples alteraciones en diversos órganos. Las personas que lo padecen sienten ahogos, fuerte percepción del olor, alteraciones de la memoria, fatiga habitual, dolor de cabeza, etc. Pero, además, sufren ataques cuando permanecen en ambientes donde existen alguna de las sustancias químicas a las que estuvieron expuestas y que motivaron su enfermedad. Eso supone graves limitaciones en su vida social, hasta el punto de que algunas personas no pueden salir de casa o han de hacerlo en condiciones muy controladas. A una reunión de afectadas por este síndrome hay que ir sin perfumes, sin desodorantes, el lugar no puede haber sido limpiado con productos químicos, son también problemáticas las pinturas, humos de motores, etc. Estas personas se han convertido en auténticos sensores químicos y cualquier pequeña cantidad de esos productos puede desencadenarles una crisis.
La mayoría de los casos que se conocen en nuestro país provienen del ambiente laboral: trabajadoras que son diagnosticadas después de haber estado expuestas a bajas dosis de agentes químicos de forma habitual o tras haber sufrido accidentes con tóxicos ambientales. La mayoría de casos suelen estar relacionados con exposición a plaguicidas, disolventes y productos como el formaldehido o el cloro. Se han producido como resultado de fumigaciones sin las condiciones de seguridad necesarias, por utilización de productos no permitidos, por no respetar los plazos de seguridad. En definitiva, falta de medidas preventivas adecuadas que han dejado tras sí una estela de enfermos crónicos.
Sin reconocimiento y sin prevención
No se trata de un síndrome nuevo: las primeras descripciones vienen de Estados Unidos y se producen en la década de los 50. Hoy en día, por consenso médico, se considera más apropiada la denominación de Intolerancia Ambiental Idiopática, porque así se diferencia de las alergias y el asma. De todas formas el término Sensibilidad Química Múltiple sigue siendo ampliamente utilizado.
Como señala Mª José Moya, una de las afectadas en un blog dedicado a informar sobre la enfermedad: “la SQM no es una enfermedad invisible, es una enfermedad silenciada, pues de manera directa cuestiona a la todopoderosa industria química. A pesar de la repercusión que esta enfermedad supone en la vida del enfermo, la SQM aún no ha sido reconocida oficialmente por la Organización Mundial de la Salud. Sin embargo, algunos países han creado recursos específicos para los enfermos e incluso la han incluido en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) de su Sistema Nacional de Salud. Este el caso de Alemania. Otros, como Italia, están debatiéndolo en su Parlamento y muchos más están tomando medidas al respecto como Canadá o los países nórdicos”, señala Moya. El Parlamento Europeo aprobó en septiembre de 2008 un importante plan para enfermedades ambientales en donde incluyen la Sensibilidad Química Múltiple.
En España, la situación es peor. Hay excepciones como el Departament de
Treball de la Generalitat de Catalunya que presta especial atención a este
problema, pero en el ámbito estatal sólo el Instituto Nacional de Seguridad e
Higiene ha dedicado algo atención a esta nueva patología publicando una nota
Técnica de Prevención (NTP 557) en la que se hace una revisión sobre los
aspectos médicos de la afectación, sin otras consideraciones. Ni el Ministerio
de Sanidad, ni el Ministerio de Trabajo han tomado una sola iniciativa para dar
respuesta a los problemas y reivindicaciones planteadas. Y son las víctimas las
que están llevando la iniciativa ante la indiferencia de la Administración. A
través de diversos colectivos y asociaciones están haciendo esfuerzos
encomiables para lograr sensibilizar sobre su problema, dado el muro de silencio
que les rodea. ![]()
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pEx Carme hoy es la presidenta de APQUIRA (Asociación de personas afectadas por productos químicos y radiaciones ambientales) pero antes trabajaba en una oficina de la Tesorería de la Seguridad Social, un lugar que cada tres meses era fumigado con pesticidas a base de organofosforados. “Nunca hubo un bicho en la oficina, tenían una empresa contratada y lo hacía aunque no fuera necesario” explica Carmen. Se fue envenenando poco a poco: “Se les ocurrió la idea de hacer un edificio inteligente, hermético, y ni el sistema de aire acondicionado tenía salida al exterior porque se olvidaron de hacer el agujero. Por lo tanto, el aire nunca se renovaba. Fumigaban sin cumplir la normativa, con nosotros dentro. Pensábamos que tenían todas las garantías, que no nos iba a pasar nada. Así estuvieron nueve años. En la oficina cada vez veíamos más personas enfermas”. El relato de Carme es estremecedor: “Los delegados de prevención investigaron y comprobaron que quintuplicábamos el nivel medio de bajas de cualquier oficina. Yo llegué a tener veintiséis infecciones respiratorias agudas en menos de dos años. Además, se me quemaban las manos. De repente empezaba a tenerlas rojas, hinchadas. La sensación era que las tenía metidas en agua hirviendo, y no las podía sacar de ahí, algo horroroso. Cuando iba a urgencias, como no sabían lo que era, decían que había tocado algo, yo lo negaba, explicando que estaba en mi casa. También me pasaba en las rodillas. Y cuando ocurría, olía a fósforo, como cuando se enciende una cerilla. Era una eliminación de fósforo; hay quien lo elimina por la orina, yo por la piel, eran quemaduras de dentro para fuera. Ha sido una suerte eliminarlo así porque hay una compañera que tiene un problema terrible de colon, tiene todo el intestino quemado porque el fósforo salió por ahí. La ordenanza que se ocupaba de limpiar el archivo se murió en poco tiempo, y otra de las funcionarias que estaba con ella, también murió, las dos de cáncer. A mi me operaron de cáncer de matriz hace tres años. Según los endocrinos es consecuencia de haber estado expuesta de manera prolongada a tóxicos”. La historia de este caso, y los de Nuria,
Laura, Judith y más afectadas, los gravó durante tres días, en 2006, la
productora que dirige Mercedes Milá. Su historia debía emitirse en el
programa “Diario de...”, pero nunca salió a la pantalla. Nuria Orduña lo
explica así: “Estábamos esperándolo delante de la tele y diez minutos antes
salió un letrero que decía que el programa no se emitía por causas ajenas a
la voluntad de Tele 5”. Las afectadas escribieron una carta a Tele 5 pero
nunca han recibido contestación.
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