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Sumario nº 38
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Dossier: Escuela y Salud Laboral

    

Entrevista a Emilia Moruno, Secretaria de Salud Laboral de la Federación Estatal de Enseñanza de CCOO

Durante mucho tiempo ha imperado la concepción reduccionista de que la Ley para la Prvención de Riesgos Laborales de 1995 no abordaba aspectos relativos al desempeño de la labor docente. No podemos predicar una cosa y hace otra, no podemos educar para la salud en escuelas que no son saludables, donde los profesores están sometidos a altos niveles de estrés, ruido, etc...

 

pEx

Maestra y sindicalista lleva toda la vida vinculada a la escuela. Nació en Granada pero estudió y empezó a ejercer como docente en la Comunidad de Madrid, a mediados de los setenta. Es licenciada en Pedagogía y técnico superior de Prevención de Riesgos. Ha dirigido programas pedagógicos y de formación para el profesorado en distintas fundaciones de CCOO. Y es, desde 2004, responsable de la política de salud laboral de la Federación Estatal de Enseñanza del sindicato.

¿Cuáles son los principales retos de la prevención en la docencia?

Hemos conseguido que algunas dolencias como los problemas en las cuerdas vocales tengan el reconocimiento de enfermedades profesionales pero eso es sólo la punta del iceberg, una metáfora que utilizamos mucho en el campo de la salud laboral. Estamos en la fase de visibilizar toda una problemática compleja. Hemos de identificar los riesgos, los que conocemos desde hace décadas, y los nuevos que se están planteando, y que tanto trabajadores como empresarios sean conscientes de ellos. Sólo mediante la identificación de esos riesgos podemos empezar a trabajar en el terreno de la prevención que es el importante.

La escuela ha cambiado mucho en las últimas décadas ¿cómo han repercutido estos cambios en la salud de los enseñantes?

Efectivamente, la sociedad ha cambiado mucho y la Escuela también. Como señala la Comisión Europea en su comunicación sobre su estrategia en materia de seguridad laboral para 2002-2006, los cambios en la sociedad y en el mundo del trabajo plantean enfermedades emergentes como el estrés, la depresión o la ansiedad que son responsables de muchos de los problemas de salud asociados al trabajo. La escuela –junto con otros servicios públicos– se encuentra en el centro de esos cambios, de ahí que la misma Comisión Europea afirme que la frecuencia de esas patologías emergentes es mayor en el sector de la educación. Lo urgente es, pues, visibilizar esos problemas y empezar a analizar de qué forma se pueden tomar medidas preventivas para mejorar la salud de profesores y profesoras.

Acabas de nombrar el estrés ¿Es el estrés el principal problema?

Bueno, es importante porque es el causante de las bajas más largas, pero también hay muchos otros problemas relacionados con la voz, las posturas, etc. Creo que cuando los profesores hablan de estrés están resumiendo, de alguna manera, todos los riesgos psicosociales que se hallan asociados a su tarea. En estos momentos estamos trabajando con ISTAS para identificarlos, poder concretar las exposiciones a esos riesgos, analizar sus fuentes y buscar las posibles soluciones.

¿Por dónde podrían ir esas soluciones?

Desde luego son más colectivas que individuales. Hemos de introducir cambios organizacionales en las escuelas que reduzcan la presión sobre el profesorado. Estos cambios se han de decidir en cada centro, de acuerdo con sus realidades específicas, porque cada escuela es un mundo, pero han de contar con un marco general que oriente y propicie este ejercicio de autonomía de los centros. Además es necesaria una mayor predisposición de la Administración a incorporar profesores de apoyo, reducir ratios, gestionar mejor las sustituciones y las bolsas de interinos, diseñar y construir los centros pensando en su acústica. Esto y muchas cosas más, porque, en definitiva, hemos de crear escuelas saludables, si no lo hacemos estamos incurriendo en una gran contradicción.

¿A qué contradicción te refieres?

Como todos sabemos el currículum escolar está lleno de referencias a la educación para la salud. Se supone que los docentes hemos de conseguir que los alumnos valoren positivamente los comportamientos saludables. No podemos predicar una cosa y hacer otra, no podemos educar para la salud en escuelas que no son saludables, donde los profesores están sometidos a altos niveles de estrés, ruido, etc. No podemos decirles a los alumnos: “Hacer lo que oigáis y no lo que veáis”.

¿Cumple la Administración educativa con sus obligaciones en materia de salud laboral en el sector docente?

Hay diferencias según comunidades autónomas. Pero, en general, lo único que hacen es evaluar los riesgos en los edificios y se detienen poco o nada en la salud de los trabajadores de la enseñanza. En la escuela, cuando hablamos de salud laboral en realidad hablamos de hacer visible lo invisible. Durante mucho tiempo ha imperado la concepción reduccionista de que la Ley para la Prevención de Riesgos Laborales de 1995 no abordaba aspectos relativos al desempeño de la labor docente. Simplemente, lo que todavía no se entiende desde muchas instancias de la administración pública, y desde luego desde muchos centros docentes privados, es que la salud laboral no es sólo la seguridad en el trabajo sino que requiere de una verdadera prevención.

¿En qué situación nos encontramos actualmente?

Se han firmado acuerdos con las diferentes comunidades autónomas destacando la constitución de los Comités de Seguridad y Salud sectoriales en la mayoría de ellas. Ahora nos queda dotar de efectividad real a los Comités y demandar a los Servicios de Prevención propios de la Administración educativa en las comunidades autónomas en los que aún no se han implantado. Hemos de conseguir, además, que el capítulo específico de Salud Laboral que finalmente se apruebe en el Estatuto del Funcionario Docente, se comprometa más con la acción preventiva y con la participación de los trabajadores y trabajadoras.

 

Contar una estrategia

Tanto la Comisión de las Comunidades Europeas como el gobierno de España están planteando la necesidad de marcos amplios de reflexión sobre seguridad laboral que hacen mención especial al sector docente.

En marzo de 2002, una comunicación de la Comisión que lleva por título “Cómo adaptarse a los cambios en la sociedad y en el mundo del trabajo: una nueva estrategia comunitaria de salud y seguridad (2002- 2006) plantea que “la política comunitaria en materia de salud y seguridad en el trabajo debe atender a estos cambios y a estas nuevas necesidades, a fin de promover un verdadero «bienestar en el trabajo» –físico, moral y social–, que no se mida únicamente por la ausencia de accidentes o enfermedades profesionales”.

En este sentido, la Comisión observa que las enfermedades consideradas emergentes, como el estrés, la depresión o la ansiedad, así como la violencia en el trabajo, el acoso y la intimidación, son responsables del 18 % de los problemas de salud asociados con el trabajo. La frecuencia de estas patologías es dos veces superior en los sectores de la educación y los servicios sociales y de salud, según la Comisión. Su aparición no se debe tanto a la exposición a un riesgo específico como a un conjunto de factores, la organización del trabajo, las modalidades de ordenación del tiempo de trabajo, etc.

La Estrategia española de seguridad y salud en el trabajo (2007-2012), aprobada por el gobierno el 28 de junio de 2007, plantea, entre muchas otras cuestiones la necesidad de emprender actuaciones en materia educativa y de sensibilización en el ámbito de la enseñanza obligatoria. Para ello afirma que se elaborarán medidas concretas para potenciar la incorporación de esta materia en los programas oficiales ya desde la Educación Infantil, así como la elaboración de guías para el profesor y formación teórica y práctica de docentes. En materia de formación profesional reglada, plantea la necesidad de profundizará en la transversalidad de la prevención de riesgos laborales en la totalidad de los títulos de Formación Profesional reglada.

 

 

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