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Ofensiva ideológica en Francia contra las 35 horas. La derecha y la patronal achacan a la reducción de la jornada laboral todos los problemas económicos

CHRISTIAN JACQUES. Emergences.
Las 35 horas han despertado una importante polémica en Francia. Según los partidos de derechas y la patronal liberal, la reducción de la jornada laboral iniciada en 2001 es la causante de todos los males. El gobierno afirma que la reducción de la jornada laboral cuesta una fortuna a los presupuestos nacionales y es lo que explica la incapacidad de Francia de respetar el pacto europeo de estabilidad. Pero ésta no es la única acusación contra la reducción del tiempo de trabajo. Según algunos es también la responsable de los numerosos fallecimientos durante la última ola de calor estival, de la pérdida de competitividad por parte de las empresas, de la huída de las empresas extranjeras, de la pauperización de los trabajadores peor remunerados, del avance de la “pereza” entre los asalariados y ¡peor aún! según un periodista las 35 horas favorecen “el alcoholismo y la violencia conyugal”.

Todos los medios de comunicación se han hecho eco de estas acusaciones. Sólo unos cuantos fueron capaces de ir más allá del titular sensacionalista contrastando la información. Lo cierto es que las empresas que adoptaron las 35 horas guardan silencio y no unen sus voces a las de sus organizaciones patronales ni suelen cuestionar los acuerdos sobre la reducción de la jornada. El gobierno de Raffarin prometió una comisión de investigación que hasta hoy no ha sido creada y que probablemente no lo sea nunca. Al parecer el propio presidente Chirac tuvo que poner fin a esa algarabía preguntando a sus ministros “¿cómo saldremos de malparados, si vuestra comisión demuestra justo lo contrario?” Por una vez Jacques Chirac no se equivocó.

 

¿Creó empleo la reducción del tiempo de trabajo?

Según las cifras adelantadas por los propios servicios del Ministerio de Trabajo, con la reducción de la jornada laboral se crearon 350.000 empleos. Algunos economistas y sindicalistas creen que hay que duplicar esa estimación. Los liberales atribuyen la creación de puestos de trabajo al crecimiento económico. ¿Qué pasa realmente?

Entre marzo de 1997 y marzo del 2002, en Francia se crearon cerca de 2 millones de nuevos empleos. De ellos, según los economistas, 1.343.000 se deben a la progresión del PIB que fue del 15,2%. Otros 157.000 empleos fueron promovidos por los servicios públicos y el estado, mientras que 150.000 más se han visto favorecidos por la bajada de las cotizaciones sociales. En total, 1.650.000 nuevos empleos que una vez restados de los 2.000.000 arrojan aún un saldo favorable en el activo de las 35 horas de 350.000 empleos.

Es cierto que ese número está por debajo de lo que se podía haber esperado por los efectos mecánicos de la reducción del tiempo de trabajo. Las 35 horas no han creado suficiente empleo porque las fuerzas sindicales no siempre pudieron imponerlo en las empresas y los empresarios aprovecharon las negociaciones para obtener beneficios de la intensificación del trabajo.

¿Quién paga las 35 horas?

Son los propios trabajadores los que realmente han pagado la reducción del tiempo de trabajo. En la mayoría de los acuerdos de reducción ganaron los patronos. De hecho, con la imposición del cómputo anual de horas se ahorran horas extraordinarias, se aumenta la flexibilidad, se suprimen tiempos de descanso y otras conquistas como las relacionadas con la formación continua y se acaba imponiendo una congelación de los salarios a corto o a largo plazo.

Los trabajadores pagan, en su mayoría, las 35 horas con su salud. Según una encuesta reciente el 41% de los trabajadores declaran tener un trabajo más estresante. La creación de empleo mediante la ley de reducción del tiempo de trabajo ha desplazado a un segundo plano las condiciones laborales, tal como destacan la mayoría de los prevencionistas.

Además de los trabajadores, son los contribuyentes (o sea los mismos) los que han financiado las 35 horas debido a las deducciones fiscales, primas y otras ayudas concedidas a las empresas. Los cotizantes de la seguridad social (siguen siendo los mismos) contribuyen a dicha financiación mediante el aligeramiento de las cotizaciones sociales ofrecido a los empresarios.

¿Y los empresarios? En el conjunto de la economía francesa la duración efectiva de la jornada laboral se redujo en un 3,5%. El sobrecoste resultante se redujo en un 50% gracias a las ayudas públicas y la reducción de las cotizaciones sociales. Por lo tanto las empresas han tenido que asumir una subida de costes salariales del orden del 2-3% que, en realidad, ha sido sufragada por los propios asalariados como acabamos de ver. Esta es la explicación del silencio de los empresarios de las 35 horas.

¿Por qué entonces todo ese barullo?

El psicodrama que se ha montado alrededor de las 35 horas es en realidad una cortina de humo. El gobierno busca un chivo expiatorio de su política demagógica de bajada de impuestos que ha generado un déficit presupuestario desigual y el desmantelamiento de los servicios públicos. La patronal quiere ampliar su ofensiva contra cualquier tipo de regulación social fortaleciendo las negociaciones de empresa. Ambos coinciden en una campaña ideológica a favor de que sea la economía la que decida lo que es posible en el plano social y que para eso hace falta menos estado y más poder para los empresarios.

Las críticas de las 35 horas van más allá de las cuestiones relacionadas con el empleo e ilustran una visión liberal del funcionamiento de la sociedad que intenta imponerse en toda Europa. Sin embargo esas mismas críticas nos demuestran que los grandes retos sociales se ganan primero en las empresas, siempre y cuando los sindicalistas controlen bien no sólo los tiempos de trabajo, sino también las condiciones en las que el trabajo se desarrolla, así como su sentido e intensidad.

 

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