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Condiciones de trabajo

El pasado mes de noviembre se celebró en Valencia el I Foro ISTAS de Salud Laboral en el que se abordó el tema de la prevención de las lesiones músculo-esqueléticas. Los casi doscientos asistentes que participamos en los tres días de debate tuvimos la oportunidad de escuchar distintas opiniones expertas sobre el tema. Como muestra, ofrecemos a los lectores y lectoras de Por experiencia un resumen de la intervención de Ana María Seifert, de la Universidad de Quebec, sobre las diferencias de género en la incidencia de las lesiones músculo-esqueléticas. La conferencia completa, así como el resto de ponencias presentadas, están en nuestra página web.


Los problemas músculo-esqueléticos en el trabajo afectan tanto a hombres como a mujeres. Pero muchos estudios indican que son más frecuentes en las mujeres. La explicación no es muy evidente.

Diferencias de género,
diferencias de daño:

En Quebec, las lesiones músculo-esqueléticas son responsables del 55% de los accidentes de las mujeres, pero sólo del 42% de los accidentes de los hombres. En Estados Unidos, en un sondeo a 30.074 trabajadores, las mujeres declaraban dolor más frecuentemente en la parte alta de la espalda, mientras que los hombres se quejaban sobre todo de la parte baja de la espalda. Según la oficina de estadísticas de Suecia una mayor proporción de mujeres que de hombres sufre problemas en casi todas las regiones del cuerpo pero especialmente en los miembros superiores.

Los empleos en que se encuentran más problemas entre las mujeres son: limpiadoras, peluqueras, trabajadoras de supermercados, trabajadoras de la salud, camareras, cocineras, costureras, profesoras y cajeras, todos ellos tradicionalmente feminizados. Los hombres también están expuestos a trabajos repetitivos, sin embargo las estadísticas muestran que están menos afectados que las mujeres y, además, sus dolores se producen en zonas corporales diferentes y a edades diferentes. ¿Cómo se explica esto?

Las condiciones y la carga de trabajo de las mujeres son diferentes:
Según Ana María Seifert hay diferencias en las condiciones globales del trabajo entre hombres y mujeres que pueden explicar esta situación:

La tarea asignada es diferente. Los hombres y las mujeres ocupan espacios diferentes en el mercado de trabajo. Un estudio en Carolina del Norte estimó en 76% la segregación por género en los empleos, cifra más elevada que el 55% debido a la segregación racial. El trabajo de la mujer suele demandar movimientos repetitivos de los miembros superiores a un ritmo muy rápido, agudeza visual para percibir los detalles, una postura estática, sentada o de pie sin posibilidad de movilidad.

La interacción entre la persona y su puesto de trabajo es diferente. Los hombres y mujeres tienen diferente tamaño, pero también diferentes proporciones. Los hombres son generalmente más grandes que las mujeres y también los segmentos corporales de uno y otro sexo difieren. La interacción de la persona con su puesto de trabajo puede ser también diferente.

La duración del trabajo (en años de servicio) con exposición al riesgo es mayor. Las mujeres se quedan más tiempo en un mismo empleo. En promedio, las mujeres no cambian su carga de trabajo físico en un período de 24 años mientras que los hombres la disminuyen gradualmente.
A todo ello hay que añadir las responsabilidades familiares. Uno de los factores que aumentan el riesgo de problemas músculo-esqueléticos es la falta de reposo. Las mujeres combinan el trabajo asalariado con el trabajo doméstico, al que dedican muchas más horas que los hombres.

Diferencias biológicas y psíquicas:
Las diferencias biológicas en el tamaño y la fuerza muscular pueden determinar la adopción de posturas más incómodas para las mujeres. Durante el embarazo los cambios fisiológicos pueden aumentar los problemas debidos a las posturas inconfortables y sobre todo los problemas de posturas estáticas.

Se ha sugerido que las hormonas femeninas (estrógenos) podrían ser una de las causas de ciertos problemas músculo-esqueléticos como el síndrome del túnel del carpo. Sin embargo, los resultados no son concluyentes.

Parece que la percepción del dolor difiere entre hombres y mujeres de manera que la sensación de dolor por presión está más desarrollada en la mujer que en el hombre. Lo mismo pasa con la percepción de calor o frío, aunque queda aún mucho por investigar en este campo.

Los mecanismos psicológicos y las emociones pueden tener un impacto importante en la percepción de la salud. Se ha hablado de neurosis y de histeria para explicar los problemas músculo-esqueléticos. Muchas veces los problemas de las mujeres son atribuídos a su psicología porque se las cree muy poco.

Conclusión:
Lo que Ana María Seifert viene a plantear como conclusión es que las mujeres y los hombres generalmente no comparten los mismos sectores de empleo, cuando lo hacen no ocupan los mismos puestos y cuando los ocupan no realizan las mismas tareas. En definitiva, que los trabajadores y las trabajadoras no tienen las mismas condiciones de trabajo y que, por tanto, condiciones de trabajo diferentes determinan exigencias y riesgos diferentes.

 

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